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¿Y si envejecer no fuera sinónimo de perder capacidades? Estudios revelan que algunas áreas del cerebro crecen con la edad

La capa 4 de este órgano, que se encarga de la sensibilidad táctil, suele aumentar con los años

Paula Calamonte

Durante décadas, la idea dominante ha sido que envejecer implica un deterioro progresivo e inevitable del cerebro. Se asumía que, con el paso del tiempo, este órgano se encoge y pierde neuronas.

Sin embargo, un estudio reciente publicado en Nature Neuroscience cuestiona de forma contundente esta visión, mostrando que no todas las áreas cerebrales siguen ese patrón de declive. De hecho, algunas regiones pueden crecer a medida que envejecemos.

El trabajo analizó cómo cambian las capas de la corteza primaria, es decir, la encargada de procesar la información táctil, en personas jóvenes y mayores. Los resultados sorprendieron a los investigadores, ya que mientras las capas 5 y 6 mostraban signos de deterioro asociado a la edad, la capa 4 era más grande en los adultos mayores sanos.

¿Cómo funcionan las capas del cerebro?

Nuestro cerebro se compone de seis capas bien diferenciadas. Estas funcionan como niveles organizados que procesan la información de forma jerárquica. Cada una tiene tipos específicos de neuronas que permiten recibir, integrar o enviar señales a otras regiones. En conjunto, estas capas trabajan para interpretar estímulos, generar respuestas y procesar funciones como el pensamiento o la percepción.

La capa 4 del cerebro es clave para percibir el tacto, especialmente en manos y dedos. El hallazgo contradice la creencia de que cuando envejeces tu cerebro se reduce en volumen. Los estudios en ratones confirmaron este patrón, reforzando la idea de que ciertas áreas pueden expandirse con el tiempo.

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Pero, ¿qué significa realmente que una región cerebral crezca al envejecer?

Es aumento del grosor cerebral y de las conexiones locales. Lo que significa que es una manifestación de la plasticidad cerebral, o sea, la capacidad del cerebro para adaptarse a las experiencias acumuladas a lo largo de la vida. En este caso, podría reflejar el aprendizaje táctil adquirido durante décadas.

El estudio también sugiere que el cerebro no envejece de forma homogénea: las áreas que más utilizamos tienden a preservarse mejor, mientras que las menos activas son más vulnerables al deterioro.

Esto abre nuevas vías para comprender el envejecimiento y para diseñar estrategias que potencien un envejecimiento cognitivo.