Estilo de vida

Comer en la oficina sano y… ¡divertido!

27/11/2017, a las 06:40


Comer fuera de casa es divertido cuando es por ocio. Comer en el trabajo cansa a la segunda semana. Ya sabes cómo es esto: cuesta organizarse, acabas comiendo mucho bocadillo y fritanga de bar, las digestiones son pesadas y, además, sale caro pagar menús, máquinas expendedoras y tapas.

Pasa de eso, puedes comer rico, sano y de manera económica en la oficina si te lo tomas en serio. Te damos las claves, porque merece la pena.

Los retos de comer en la oficina

Casi siempre pasamos de llevar nuestra propia comida por la logística. Que si hay que sacar tiempo para prepararla, que si hay que cargar con ella, que si hacen falta recipientes, que si hay que preocuparse por calentarla, etc.

Con un poco de cabeza, todo eso se supera. Si comieras en casa tendrías que cocinar igualmente, ¿no? La diferencia es que tienes que buscarte un ratito para cocinar a horas poco usuales.

La importancia del recipiente

Llevar comida al trabajo es más gustoso cuando está rica. Para que lo esté, además de los buenos ingredientes y la preparación adecuada, debe conservarse bien hasta la hora de comer. Nada peor que una ensalada “chuchurría” o una carne gomosa como un neumático.

Invierte en recipientes de calidad aptos para el microondas y te estarás ayudando a ti mismo. El cristal es el mejor material, porque no transfiere sabores a la comida. Los materiales plásticos son más ligeros, pero menos adecuados y se estropean antes.

¿Quieres llevar gazpacho fresquito en verano y sopa caliente en invierno? Pues usa un termo o un bote de cristal.

Planificación semanal

Tu primer enemigo es la improvisación. Ya te lo decimos nosotros: no llegarás muy lejos si improvisas las comidas de un día para otro. Tres jornadas cocinando con un “lo que haya en la nevera” llevan a que en el cuarto día vuelvas a comer menú de bar.

Debes planificar. Elabora un menú semanal y haz la compra en consecuencia. Así sabrás qué cocinar cada día y cuánto tiempo tienes que dedicarle. Dale un poco de cariño, anda. Juega a tu favor o acabarás haciéndote trampas.

Los platos que funcionan

Hay preparaciones que funcionan fatal para comer en el trabajo:

Fritos. Pasa de ellos. Perderán la textura crujiente enseguida y pueden quedar gomosos.

Plancha. Las carnes o pescados a la plancha quedan secos y correosos pasadas unas horas.

Ensaladas aliñadas. Las ensaladas son grandes aliadas para comer en el trabajo, pero no las aliñes. Lleva un botecito con tu vinagreta o aliño aparte para aderezarlas en el momento.

Frutas peladas o picadas. No las prepares la noche anterior. La fruta se descompone, pierde textura y se oxida. Llévala entera al trabajo o trocéala justo antes de salir de casa.

En cambio, otras preparaciones van genial:

Asados, hervidos o al vapor. Conservan la humedad interior de las carnes, pescados o verduras y son muy agradecidos con un calentón en el microondas.

Guisos. Con su salsa tendrás la seguridad de que saldrán perfectos del microondas.

Pastas, arroces y legumbres. Ideales en caliente o en frío, en seco o con salsas. En ensaladas, geniales.

¿Ensalada de legumbres? Que no te extrañe, estos alimentos valen para mucho más que para guisos con chorizo. Por ejemplo, una ensalada de lentejas. Para hacerla, corta en trocitos dos zanahorias hervidas, un pimiento rojo, uno verde y media cebolla morada. Mezcla las hortalizas con 200 g lentejas cocidas y añade perejil al gusto. Aliña con tu vinagreta preferida ya en la oficina. Ahí tienes una nutritiva y ligera ensalada, muy rápida de hacer y que no necesita calentarse en el trabajo.

Ya sabes, ¡cocina por tu salud, tu paladar y tu bolsillo! Deja las tapas para el finde con los amigos.

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