Sal, cómo reducir su consumo. Diez gramos por persona y día ese es el consumo de sal en España. Algo que deberíamos reducir a la mitad. Además el 77% de la sal que consumimos procede de alimentos ultra procesados, esto es que no la añadimos nosotros sino que viene de fábrica.
Pero muchas veces no sabemos, ni siquiera mirando la información nutricional si la cantidad de sal que llevan algunos alimentos es mucha o poca.
Miguel Ángel Lurueña, autor del libro ‘Que no te líen con la comida: Una guía imprescindible para saber si estás comiendo bien” en declaraciones a Uppers afirma que, «Por lo general, se considera que un alimento tiene mucha sal cuando su proporción es superior a 1,25 gramos por cada 100. La OMS recomienda que para reducir el riesgo de hipertensión, enfermedad cardiovascular y de infarto de miocardio, no se deben superar los cinco gramos de sal al día».
Hay un montón de sales distintas, sal marina, negra, en escamas, rosa del Himalaya…
Todas las sales son iguales, son básicamente cloruro sódico. Ninguna es ni mejor ni peor que otra, simplemente nos gusta más o menos.
Aunque «algunas, como la rosa del Himalaya, tienen un poco de hierro o la sal negra, unos sulfatos que le dan el sabor a huevo frito, pero las cantidades de estos compuestos son tan reducidas que no suponen ningún aporte significativo en nuestra dieta», explica el experto.
Lo mismo ocurre con el grosor de la sal, solo afecta desde el punto de vista sensorial.
La sal Maldon, pueden crujir ligeramente cuando la mordemos, se disuelve más lentamente en nuestra boca, así que su sabor puede parecernos más suave que el de la sal común, de gránulo muy fino, que al disolverse muy rápidamente puede dar una sensación más contundente, pero no hay diferencias más allá.

Lo más normal es empezar a cocinar sin sal carnes, pescados y guisos, aunque no sea lo más aconsejable ya que convertirá los alimentos en completamente insípidos, debemos tener en cuenta tal y cómo explica Lurueña que «Antes de llegar a ese punto deberíamos recordar que solo un 23% de la sal diaria es la que aporta nuestro salero. En lo que deberíamos centrar nuestra atención en reducir el consumo de productos procesados y ultraprocesados, que son el verdadero problema».
Si estamos muy acostumbrados a comer con sal nuestros umbrales para percibir su sabor serán muy altos, es decir necesitaremos una cantidad bastante grande para detectar su presencia.
«Para cambiar nuestros hábitos sin notar grandes cambios podemos utilizar diferentes recursos, como añadir especias u otros ingredientes, por ejemplo, recurriendo al curry, al eneldo o al orégano», recomienda Lurueña.
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