Pablo López

¿Qué necesita Pablo López para ser feliz?

Le hace falta un piano y un paisaje donde tocar

Ana Pérez
Archivado en: Pablo López  •  

Pablo López es ejemplo de unir voz e instrumento en la música. El piano le ha acompañado en todos los momentos, los cuales invitan siempre a la reflexión e introspección.

En Caminos del Flamenco, el programa de La 2, el artista malagueño ha ido descubriendo su infancia y ha regalado una preciosa actuación junto a Miguel Poveda y Soleá Morente a los pies del mar, fuente de inspiración.

Ha publicado un vídeo afirmando que lo que verdaderamente le hace feliz son momentos como este junto a los dos cantaores.


 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Pablo López (@pablolopezmusic)

También puedes leer:

La canción a dúo de Bustamante y Pablo López y otros momentos emotivos de Dial Únic@s

Juanes abandera la primera vez de Pablo López en Colombia

El ritual de Pablo López antes de salir al escenario

Canciones bañadas por el mar: de Sanz a Fito o Amaral

La afición al piano de Pablo López

Hay que echar la vista muy atrás para descubrir que la afición del cantante de El Patio por el piano viene desde el colegio. De hecho, su profesora de matemáticas se dio cuenta de que por aquel entonces el pequeño Pablo se fijaba mucho en los acordes de la guitarra que ella tocaba. Observaba como el niño imitaba sus movimientos en su pantalón.

«Entonces la profesora llamó a mi madre y le dijo que aunque yo tenía solo 4 años me veía posibilidades, que me comprara una guitarra pequeñita que ella se encargaría de enseñarme en los recreos del colegio, y resulta que en dos semana estaba tocando», contó.

Sin embargo, el piano también entró a su vida. «Con 8 años entré al Conservatorio de Málaga. Hasta que mi madre no estuvo segura, no me compró un piano que no cabía en mi habitación, me tuvo que poner una cama mueble porque no entrábamos».

 

Ver esta publicación en Instagram

 

Una publicación compartida de Pablo López (@pablolopezmusic)

Emprendió sus caminos musicales tocando en hoteles de la Costa del Sol, y después, decidió trasladarse a Londres para trabajar de camarero a la vez que tocaba canciones en el metro de la capital británica.

Quién la sigue la consigue, y hasta los 34 años no pudo comprase su propio piano, del cual tiene tatuada su matrícula. Para él, su piano es su hogar, un refugio al que acude para dar rienda suelta a los acordes que ya comenzó a adquirir cuando iba al colegio.

MÁS SOBRE: