A lo largo de su trayectoria en la televisión Karlos Arguiñano nos ha regalado grandes momentazos que a día de hoy siguen siendo recordados. ¿Te acuerdas de lo feliz que se puso el cocinero cuando abrió un huevo con tres yemas? Las redes no lo olvidan y cada cierto tiempo comparten el vídeo para recordarlo.
Pero el cocinero más famoso de la televisión no solo nos ha dado momentos divertidos, sino que también ha compartido con la audiencia grandes trucos de cocina que nos han sacado de algún que otro apuro. Estos días el cocinero mostraba cómo diferenciar un huevo cocido de uno sin cocer sin necesidad de pelarlo.
Hay veces que cueces varios huevos de una vez para tenerlos a mano en la nevera y poder usarlos en recetas posteriores. Pero seguro que te ha pasado no saber dónde dejaste los cocidos para diferenciarlos del resto de huevos y te has visto en un aprieto teniendo que romperlo para probar suerte. Con el truco de Karlos Arguiñano esto tiene solución.
¿Sabías que…
Una persona sana puede comer sin problema entre 1 y 3 huevos al día. Es más, es saludable e incluso recomendable comer un huevo al día. Para empezar, el consumo de huevos reduce el riesgo de sufrir enfermedades.
Esta es la composición nutricional de un huevo:
Valor energético, 593 kJ – 141 kcal, 7
Proteínas, 12,7 g, 25,4
Hidratos de Carbono (Azúcares), 0,68 g, 0,75
Grasas de las cuales: 9,7 g, 14
Para saber si un huevo está cocido, el cocinero vasco coloca este en una espumadera y comienza a hacerlo girar en esta con movimientos en círculo. Si el huevo se pone en pie significa que está cocido. Si, por el contrario, se queda tumbado, el huevo está crudo. (Aquí puedes ver el vídeo en el que Arguiñano muestra el procedimiento)
Esto nos puede ayudar también a controlar los tiempos de cocción de este alimento, pues así podremos saber si el huevo ya está cocido o si necesita sumergirse un rato más en el agua hirviendo. Normalmente, para que un huevo cocido quede perfecto tiene que pasar 10 minutos cociéndose. Eso sí, dependerá del tamaño del huevo y de si lo sumergimos cuando el agua aún no ha arrancado a hervir.
Es un problema muy habitual. Intentamos no quemarnos con el agua y soltamos el huevo de tal manera que en el golpe se puede romper. También puede ocurrir por el cambio de temperatura, al pasar del frío de la nevera al calor del agua. Por eso, lo conveniente es que los saquemos un rato antes del frigorífico y que los introduzcamos en la olla o cacerola con la ayuda de una cuchara.
Además, si añades un chorro de vinagre y un poco de sal en el agua facilitarás la coagulación de las proteínas del huevo y sellarás la grieta que pueda formarse evitando que se esparza. Esto también te ayudará a la hora de pelarlos, haciéndote la tarea mucho más fácil.
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