La venta de cosméticos entre los jóvenes se ha disparado, algo que preocupa a los expertos y que si se produce de manera exagerada puede ser síntoma de ‘cosmeticorexia’, un trastorno que se puede definir como la compra compulsiva de cosméticos o la adicción a determinados principios activos para frenar el paso del tiempo.
Lo explicaba a El Correo la dermatóloga Paloma Borregón, directora médica de la clínica Kalosia (Madrid), que cuenta que está bien ser conscientes desde niños de la importancia de cuidarnos la piel y protegernos del sol, pero añade: «Lo que ocurre ahora es que los adolescentes se dejan llevar por lo que ven en redes sociales y compran productos que no solo no son adecuados para su tipo de piel, sino que además pueden causarles reacciones alérgicas o desatar y empeorar los brotes de acné, sobre todo cuando los cosméticos son de mala calidad».
Y es que según los expertos, una piel adolescente solo necesita hidratación y protección solar y en caso de haber granitos, se puede regular la producción de sebo introduciendo alguna crema con ingredientes como ácido salicílico o algún alfahidroxiácido, explicaba Borregón, que a su vez insiste en el error de usar a esas edades productos con retinol ni nada parecido
En este sentido Sunny, una de las creadoras de la marca de cosméticos KOSS explicaba en Woman que la adolescencia es «el mejor momento en el que hay que empezar a ser constante con una rutina de skincare. En Corea comienzan a cuidarse a los 12 años con una rutina básica: limpieza, tónico, crema y protector solar. Lo más importante es mantener la piel limpia, hidratada y protegida y para eso no hay edad. Simplemente hay que saber escoger los productos adecuados y respetar el manto lipídico la piel en cada momento».
En esto también tiene mucho que decir las dependientas de las tiendas de cosmética que explican que esa obsesión de las adolescentes y casi de las niñas por los productos de belleza existe y que cada día ven como se gastan un montón de dinero en cremas solo porque las ven en redes sociales.
Y es que tal y como explicaba a El Correo, la dermatóloga Ana Molina, cada vez es más frecuente ver en redes sociales influencers que muestran sus tocadores llenos de cremas a medio usar, bronceadores, sombras, barras de labios, algo que le hace pensar «en el festival de la microbiota que se está organizando en esos cajones, porque ahí hay bacterias para alimentar a toda la humanidad. Por no hablar de la porquería que se acumula en las esponjas, brochas y pinceles que se usan para aplicar todos esos productos», señalaba.
Por eso aconsejaba que cuando compramos un cosmético nos fijemos en dos fechas diferentes: la de caducidad del producto y la de caducidad una vez abierto, representada por el dibujo de un bote con la tapa levantada.
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