Seguro que en más de una ocasión te has visto envuelta en una espiral imparable de comer patatas fritas. Y es que parece que una vez empiezas, es imposible parar. Desde Welive se refieren a especialista en dietética y nutrición Anne Till, que explica que «existe una serie de alimentos denominados ‘hiperpalatables’ que no podemos dejar de comer». La razón es que determinadas combinaciones de grasas, azúcar, sal y carbohidratos, los convierten en alimentos demasiado sabrosos y esto a su vez nos impulsa a comerlos en exceso.
No hay una forma de clasificar este tipo de alimentos hiperpalatables, aunque desde la Universidad de Kansas explican que lo más común es que tengan un alto contenido en azúcar o en sal, algo que las patatas fritas llevan en cantidad. Y es precisamente este exceso de sal es lo que nos empuja a seguir comiendo sin parar. Es decir, no se trata de necesidad de energía ni de falta de autocontrol, sino de satisfacer al cerebro.
Las patatas fritas «estimulan centros cerebrales de recompensa, por lo que al comerlos te sientes bien. Y eso hace que los busques y que los quieras comer siempre», explica la especialista en nutrición Pilar Montes. Lejos de saciarnos o proporcionarnos energía, el propósito es que abras una bolsa tras otra. Aunque Montes deja claro que no es culpa nuestra sino de la industria alimentaria, que es la que «se ha encargado de que las patatas chips y otros alimentos ultraprocesados tengan la mezcla perfecta de aditivos, sal, grasas, crocancia, olor, etc. para que sea irresistibles y puedas comer sin parar«, explica.

Desde theobjective.com, se refieren a su vez a Beatriz Robles, tecnóloga de los alimentos y nutricionista, que define esto como ‘bliss point’ o ‘punto de la felicidad‘, un término creado por el investigador de mercado y psicofísico Howard Moskowitz que habla precisamente de esa «combinación ideal de sal, azúcar y grasa en un alimento», una combinación que maximiza la satisfacción sin llegar a saturarnos, haciendo que queramos comer más.
La experta se refiere además a cómo influye la presentación de los alimentos en cuánto comamos de ellos. En el caso de las patatas, una presentación grande, como una bolsa grande de patatas, dificulta el autocontrol, mientras que: «Si los alimentos están en porciones individuales o si dividimos las raciones grandes, tenemos que tomar decisiones conscientes sobre cuánto comer, lo que facilita el autocontrol», explica.
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