Fomentar la lectura desde la infancia es una parte clave en el desarrollo emocional, cognitivo y social de los niños. Los educadores coinciden en que el gusto por los libros no surge de manera espontánea, sino que se cultiva a través de experiencias significativas, acompañamiento y un entorno que invite a la curiosidad.
Una de las claves más destacadas por los docentes es el ejemplo familiar. Los niños aprenden por imitación, y ver a los adultos leer normaliza la lectura como parte de la vida cotidiana.
No se trata de obligar, sino de mostrar que leer es una actividad placentera y accesible. A esto se suma la importancia de crear un ambiente lector en casa: disponer de libros al alcance, visitar bibliotecas y permitir que los pequeños elijan sus propias lecturas.
Los educadores también subrayan el valor de la lectura compartida. Leer en voz alta, incluso cuando los niños ya saben leer por sí mismos, fortalece el vínculo afectivo y abre la puerta a conversaciones sobre emociones, valores y experiencias.

Otro aspecto fundamental es respetar los intereses del niño. A veces, los adultos tendemos a dirigir las lecturas hacia lo que consideran más adecuado, pero los expertos recuerdan que cualquier puerta hacia la lectura es válida: cómics, álbumes ilustrados, libros informativos, poesía o incluso manuales sobre temas que apasionen al niño. Lo importante es que sientan que leer es una elección propia.
Por último, los educadores insisten en que la lectura debe asociarse con el disfrute, no con la obligación. Convertirla en un momento especial, es decir, antes de dormir, después de merendar, durante un rato tranquilo del fin de semana, ayuda a que los niños la perciban como un refugio y no como una tarea.
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