
En el estudio La ciencia de lo que se cuece en la cocina, Jesús Porta, presidente de la Sociedad Española de Neurología, analiza cómo influye en nuestras emociones el hecho de comer en compañía y, por el contrario, cómo puede perjudicarnos hacerlo solos y pendientes de una pantalla.
Cuando utilizamos el móvil, la televisión o cualquier otro dispositivo mientras comemos, gran parte de nuestros recursos cognitivos se dirigen a la pantalla y como explica Porta, «el elemento de focalización atencional va directamente a la pantalla y lo relativo a la alimentación pasa a un segundo plano«.
Uno de los aspectos que más llamó la atención durante el análisis fue el impacto que esta conducta tiene en los jóvenes: «Lo que nos sorprendió es que esperábamos que esto se produjera más en los adultos de más edad y, sin embargo, comprobamos que en los jóvenes generaba muchos más estímulos negativos«.
Además, esta situación tiene consecuencias directas en nuestros hábitos alimentarios: «Tendemos a comer mucho más rápido, mayor cantidad y no hay un disfrute directo, a no ser que haya alguna sorpresa, como que aparezca un elemento dulce cuando estás comiendo algo salado».
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