
Ahora, a sus 43 años, el artista vuelve a hacerlo sin rodeos para reflexionar sobre uno de los aspectos más delicados de su vida. Se trata de la relación tóxica que ha mantenido durante años con la comida y cómo esta ha estado íntimamente ligada a la ansiedad y a la presión.
En una reciente entrevista con El Mundo, el cántabro reconoce que siempre ha tenido una «mala relación con la comida«, un vínculo marcado por etapas de mucho estrés emocional en las que utilizaba la alimentación como vía de escape. «Cada uno tiene sus etapas y hay personas que pagamos con la comida todo el estrés que pasamos«, explica, visiblemente cansado de los comentarios que, una y otra vez, ponen el foco en su físico y no en su trabajo sobre el escenario.
El cantante no esconde lo duro que ha sido convivir con ese juicio constante. «No es preocupación, es por joder», afirma al recordar los mensajes que recibe cuando su imagen cambia, algo que le ha llevado incluso a alejarse de redes sociales como Twitter, a la que define como «un nido de víboras».
A esta relación complicada con la comida se sumó durante décadas su dependencia del tabaco. Bustamante empezó a fumar con solo 13 años y dejó el hábito hace aproximadamente un año. «No era capaz de estar comiendo y no levantarme a echar un cigarro entre el primer y el segundo plato», explica.
Dejar de fumar tuvo consecuencias inmediatas. Llegó a ganar hasta 20 kilos al sustituir el cigarro por comida para calmar la ansiedad, pero hoy lo ha revertido con disciplina y enfoque en su salud.
En esta nueva etapa, el artista ha aprendido a escucharse y cuidar su cuerpo, como ha revelado en ABC. «Me levanto todos los días entre las 5 y las 6 y hago una caminata de una hora en ayunas», confesó recientemente. Después, continúa con gimnasio, desayuno y estudio con músicos, manteniendo la energía que requiere su trabajo diario.
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