Amaral y Pablo López

De Amaral a Pablo López: las publicaciones de Instagram de nuestros artistas que podrían ser portadas de discos

La composición, la luz y la estética recuerdan a las imágenes con las que muchos álbumes se han construido

Alba García-Fogeda

Las portadas de los discos siempre han sido mucho más que una simple imagen. Antes incluso de escuchar la primera canción, una fotografía era capaz de anticipar el universo que escondía un álbum o transmitir una emoción. Aunque el consumo de música ha cambiado con la llegada de las plataformas digitales, esa capacidad de contar una historia en una sola imagen sigue teniendo el mismo valor.

No es casualidad que muchos músicos cuiden hasta el último detalle de las fotografías que publican en Instagram. Algunas de ellas parecen sacadas directamente de un nuevo trabajo discográfico. La composición, la iluminación o la atmósfera hacen que, al verlas, resulte fácil imaginar un título en la parte superior y el nombre del artista en la inferior.

Precisamente eso ocurre con varias publicaciones recientes de artistas muy queridos por los oyentes de Cadena Dial.

Cuando las publicaciones de Instagram pueden convertirse en portadas de discos

Hace unos días, Amaral compartía varias imágenes tomadas durante su visita a Celanova (Ourense). La instantánea en la que Eva Amaral y Juan Aguirre aparecen en una escalera de piedra posee todos los ingredientes de una portada de disco.

 

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El tratamiento en tonos sepia aporta una estética que recuerda a muchas cubiertas del pop e indie de principios de los años 2000, una corriente visual que ha vuelto a ganar protagonismo en los últimos años. La arquitectura histórica del edificio añade un aire cinematográfico, mientras que la diferencia de posturas entre ambos artistas genera una composición equilibrada que transmite complicidad y madurez artística.

Un planteamiento completamente diferente, pero igual de efectivo, es el que muestra Pablo López en una de las imágenes del videoclip de El niño del espacio. El cantante aparece relajado mientras toca la guitarra en un salón rodeado de libros, instrumentos y luz natural.

 

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El propio espacio habla del proceso de creación musical y del universo personal del artista. La composición resulta equilibrada y la iluminación cálida convierte esta escena en una imagen con identidad propia, exactamente lo que busca una buena portada de álbum.

Escenarios que hablan de la música

Nil Moliner también ha compartido fotografías que funcionarían perfectamente como carta de presentación de un disco. En una de ellas aparece sobre el escenario con la guitarra, el brazo levantado y el micrófono frente a él.

 

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En una sola imagen se entiende que la música en directo es la protagonista. La iluminación, con destellos rojizos y azulados sobre un fondo oscuro, crea una estética cinematográfica muy cercana a las portadas del pop y el rock alternativo contemporáneo. Además, el amplio espacio oscuro de la parte superior permitiría integrar fácilmente el nombre del artista y el título del álbum sin perder fuerza visual.

Por su parte, Marta Santos apuesta en su publicación por una fotografía completamente distinta. La segunda imagen muestra la vegetación y, parcialmente, ella sale oculta entre las hojas. El desenfoque del primer plano aporta profundidad y una sensación de intimidad.

 

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La mirada lateral y el encuadre invitan a interpretar la escena, un recurso muy habitual en las portadas que buscan despertar curiosidad antes incluso de que empiece a sonar la primera canción.

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