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Deberíamos irnos de vacaciones cada dos meses, lo dice la ciencia

Agosto únicamente no nos genera tanto descanso

Jesús Ruiz

¿Y si la mejor forma de cuidar nuestra salud no consistiera en esperar al verano para desconectar? Esa es la principal conclusión de una reciente investigación publicada en la revista científica ‘Cureus’, que dictamina que realizar vacaciones cortas y frecuentes, aproximadamente cada dos meses, podría ser más beneficioso para el bienestar físico y mental, en vez de concentrar todos los días libres en un único periodo largo.

El trabajo, titulado ‘Maximizing Recovery: The Superiority of Frequent Vacations for Well-Being and Performance’, muestra la evidencia científica sobre el impacto de las vacaciones en la salud y el rendimiento laboral y mental.

Sus autores, el oncólogo Selvaraj Giridharan y la psiquiatra Bhuvana Pandiyan, sostienen que las pausas regulares ayudan a evitar la acumulación del estrés, favoreciendo una recuperación más constante y contribuyendo a mantener altos los niveles de energía y motivación durante todo el año.

Vacaciones más cortas, pero más frecuentes

La investigación rompe con esta cultura que hemos adoptado en la que ‘aguantamos’ los meses de duro trabajo pensando constantemente en las vacaciones y avisa de que los beneficios de unas vacaciones, como la reducción del agotamiento o la mejora del estado de ánimo suelen disminuir poco después de volver al trabajo.

Precisamente por ese motivo, los investigadores consideran que es más eficaz repartir los periodos de descanso a lo largo del año en vez de agruparlos todos para unas únicas vacaciones largas.

Como recomendación práctica, el estudio propone planificar pequeñas escapadas o periodos de descanso en intervalos de aproximadamente cada dos meses, una estrategia que permitiría recuperar fuerzas antes de que el estrés vuelva a acumularse.

Eso sí, los autores insisten en que la clave no reside solo en viajar, sino en desconectar realmente del trabajo, evitando correos electrónicos, llamadas o cualquier otra labor relacionada durante esos días.

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Además de la frecuencia de las vacaciones, el estudio destaca que la forma de disfrutarlas también influye en sus beneficios. Actividades como pasear por la naturaleza, hacer ejercicio, compartir tiempo libre con familiares o amigos pueden potenciar esa sensación de descanso y bienestar.

Aunque organizar unas vacaciones cada dos meses es algo impensable actualmente por los calendarios que se han ido adoptando en las empresas, los investigadores consideran primordial crear una nueva cultura del trabajo, en la que descansos no lleguen a modo de salvación y cuyos efectos se esfumen de manera inmediata a la vuelta a la rutina.

Plantea una conclusión que invita a replantearse la manera en la que distribuimos nuestros días libres y que refuerza una idea sencilla: descansar con frecuencia puede ser tan importante como trabajar.