Las relaciones sentimentales con diferencias de edad más que notables han pasado de ser un tabú del que nadie hablaba a una realidad que cada vez es más visible en cualquier terreno de la sociedad de nuestro país. Y es que cada vez es más frecuente encontrar parejas con una brecha de edad separadora notable.
Incluso en el terreno de las celebridades, que se están atreviendo a dar el paso de demostrar su amor formando parejas con varios años de diferencia. Pero, ¿Por qué esta realidad es cada vez más común y aceptada? La ciencia tiene la respuesta buscada.

La sociedad evoluciona y el resto de aspectos lo hacen con ella. Es el caso de las relaciones sentimentales, que ya no están afincadas a un modelo único sino que hay muchas formas de entender el amor en pareja.
Esto se debe en gran medida a que hay menor presión por parte de la sociedad y mayor autonomía personal, por lo que se ha perdido el miedo al juicio externo que hasta hace unos años podría llegar a cohibir nuestra manera de vivir. Además, ya existen numerosas variantes para comprender las relaciones sentimentales, e incluso en el cine, redes sociales o en el mundo real cada vez son más frecuentes las parejas con diferencias de edad de 10 años o más.
Además, la madurez afectiva pesa más que la biológica, por lo que se puede sentenciar que la compatibilidad entre dos personas no depende tanto de la edad que se tiene, sino del estilo de vida que se lleva, los valores de los que se presume o la comunicación que se puede llegar a desarrollar. Por último, también cabe destacar que la maternidad y la paternidad son terrenos cada vez más flexibles en lo que a tiempo se refiere y que dos personas con edades diferentes pueden estar en el mismo punto laboral o profesional.
Eva Moreno, la sexóloga del sitio de citas ‘Gleeden‘, ha explicado el por qué de todo este paradigma. «En la actualidad, coexisten los modelos tradicionales con nuevas formas de vincularse. (…) Hay un cambio en la manera de entender las relaciones y estamos aceptando combinaciones diferentes a las tradicionales y dejando atrás un modelo único de relación: no es que sea algo nuevo, sino que es algo a lo que se le está dando más visibilidad«, explica.
Además, ha querido añadir contundentes datos que explicarían esta realidad cada vez más visible: «Estamos asistiendo a un cambio de paradigma. La mujer de 50 años actual es activa, independiente y está en su mejor momento vital. La Generación Z le ofrece una mirada libre de juicios y una energía que conecta con sus ganas de experimentar, algo que muchas veces no encuentran en hombres de su propia generación. (…) Existen otros factores clave, como la ausencia de «mochilas» emocionales, ya que los jóvenes Z suelen tener menos cargas familiares o traumas de divorcios o relaciones previas; también influye que la Generación Z abraza una masculinidad más fluida, empática y menos autoritaria, lo que resulta atractivo para muchas mujeres, especialmente las que han vivido bajo esquemas más rígidos», concluye.
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