Aunque al anunciar su ruptura el pasado verano Kiko Rivera e Irene Rosales prometieron mantener el buen rollo, el tiempo parece haber dinamitado esa cordialidad. Tras los primeros roces por la crianza de sus hijas, Ana y Carlota, la tensión ha alcanzado un nuevo límite. El detonante ha sido la última campaña publicitaria de una marca de frutos secos protagonizada por la colaboradora, que incluye un dardo muy directo hacia su exmarido. Un juego de palabras que ha sentado francamente mal al hijo de Isabel Pantoja, quien no ha dudado en mostrar públicamente su descontento.
A través de sus perfiles oficiales, el hijo de Isabel Pantoja ha querido compartir con sus miles de seguidores en qué punto vital se encuentra. En un momento de tantas emociones y, sobre todo, de un ruido mediático desorbitado, Kiko ha optado por blindarse y mandar un mensaje muy claro sobre cuáles son sus verdaderas prioridades a partir de ahora.
«Hoy he visto una campaña que, sinceramente, me parece patética .Y antes de que aparezcan los de siempre pidiendo respeto y recordándome quién es, conviene recordar algo muy sencillo: yo también soy el padre de mis hijas y, por lo que veo, el respeto no siempre es recíproco.
Si esta es la forma que has elegido para seguir generando atención y, de paso, para que a mis hijas no les falte de nada, adelante. Yo, mientras tanto, estoy en Mallorca trabajando para que a ellas no les falte absolutamente de nada. Ahora bien, hay una verdad que ni una campaña, ni cien entrevistas, ni mil titulares van a cambiar. La vida que tienes hoy es gracias a haberte comido un Kiko.
Lo más gracioso de todo es actuar como si nada de lo que tienes hubiera tenido nada que ver conmigo. Pero bueno, algunos seguimos trabajando para construir nuestro presente, mientras otros siguen utilizando su pasado como única herramienta para mantenerse vigentes».
La polémica está servida en pleno centro de Madrid. La plaza de Antón Martín, en el castizo barrio de Embajadores, ha amanecido con una gigantesca lona publicitaria que ocupa toda la fachada de un bloque de viviendas. En ella, Irene Rosales se estrena como el rostro de una conocida firma de frutos secos bajo un lema de lo más provocador: «Un mix con un mal kiko es un mal mix». La propia protagonista no ha tardado en presumir del cartel en sus redes, etiquetándolo como el obsequio perfecto por sus 35 años. Una cifra redonda que ha soplado rodeada de sus seres queridos: sus hermanos y su novio Guillermo, con quien comparte su vida de forma inseparable desde que formalizaran su noviazgo el pasado mes de octubre.
La respuesta del sevillano a lo que considera una falta de respeto le ha pillado en Mallorca. Allí compagina el trabajo con unos días de playa junto a Lola García, la bailarina con la que recuperó la ilusión en navidades y de la que ha dicho:
«Aunque normalmente cuando viajo por trabajo suelo quedarme en el hotel esperando la hora de la actuación, poco a poco estoy aprendiendo a hacer las cosas de otra manera. Ha llegado mi Lola para enseñarme que estos viajes también están para disfrutarlos, que siempre hay un ratito para desconectar, descubrir lugares nuevos y crear recuerdos bonitos. Y la verdad, todo es mucho más divertido cuando lo compartes con la persona adecuada .Porque el trabajo me apasiona, pero disfrutar del camino también forma parte de esta aventura. Y si es junto a ella, mucho mejor».
Este gran momento amoroso coincide con la paz familiar: se ha reconciliado con su madre, Isabel Pantoja, y se ha acercado a sus hermanos Fran y Cayetano a raíz de la venta de Cantora y el reparto de los recuerdos de Paquirri.
Por su parte, Irene Rosales consolida su romance con Guillermo, a quien conoció en 2020 cuando fue a poner césped artificial a su casa. Totalmente integrado en su entorno, él la apoya en su regreso a la televisión como colaboradora de El tiempo justo, espacio donde curiosamente Irene comparte plató con Jessica Bueno.
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