
Seguro que te ha pasado más de una vez. Estás escuchando una melodía, entra el estribillo o suena un solo de guitarra sensacional y, de repente, notas cómo se te eriza el vello del brazo o te recorre un escalofrío por la espalda. Este fenómeno físico y emocional se conoce científicamente como frisson (o «orgasmo de la piel»), una reacción que no todo el mundo experimenta y que esconde un importante significado sobre cómo procesamos los sonidos.
La neurociencia ha analizado a fondo a las personas que experimentan este estremecimiento musical y las conclusiones son contundentes: las mentes de quienes sienten frisson tienen una arquitectura diferente.
Fibras nerviosas más densas. Quienes sufren este tipo de escalofríos cuentan con un volumen superior y mayor densidad de conexiones entre el córtex auditivo (donde procesamos la música) y las regiones del cerebro encargadas del procesamiento emocional y la memoria
@aggusreinoso1 Conocían el término FRISSON? Yo no pero ahora sí y les quiero comentar lo que aprendí el día de hoy ☝ #random #musica #datocurioso #frisson #parati #fyp #sabiasque #paratiargentina ♬ Chopin Nocturne No. 2 Piano Mono – moshimo sound design
Sentir frisson va mucho más allá de una simple respuesta física. Diversas investigaciones destacan que esta característica suele asociarse a un perfil psicológico con rasgos muy concretos:
Empatía desarrollada: Esta mayor densidad de conexiones neuronales les permite no solo sentir la música a un nivel más profundo, sino también conectar con mayor intensidad con los sentimientos ajenos y percibir matices del comportamiento humano que para otros pasan desapercibidos.
Sensibilidad hacia las sutilezas: El cerebro de estas personas está, en cierto modo, «afinado» para detectar pequeños cambios de tono, silencios o giros armónicos en una canción, traduciéndolos en una experiencia sensorial completa.
El frisson demuestra que no todos escuchamos la música de la misma manera. Mientras que para una parte de la población una canción representa un mero acompañamiento o un estímulo de fondo, para quienes experimentan este fenómeno la música se convierte en un auténtico entrenamiento emocional y un vehículo de conexión interna.
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