Rozalén

El poder de sanar con música: El mapa emocional de Rozalén entre «Girasoles» y «Agarrarte a la vida»

Las claves del impacto sanador del repertorio de la albaceteña para construir su refugio artístico

Veronica Orcajo

La música de Rozalén siempre ha sido un abrazo directo al alma, una luz capaz de iluminar hasta los rincones más oscuros de la experiencia humana. Con su sensibilidad única, la cantautora albaceteña ha logrado construir un puente de empatía que conecta con miles de corazones a través de sus letras. Entre todo su repertorio, destacan dos composiciones que representan los dos polos de este mapa emocional: la luminosidad desbordante de «Girasoles« y la delicada profundidad de «Agarrarte a la vida».

«Girasoles»: un homenaje de Rozalén a la gente noble

Lanzada al mundo en 2017 y nacida en pleno viaje por tierras latinoamericanas, este tema surgió como una radiante declaración sobre el amor sano y la importancia de poner el foco en las acciones positivas que nos rodean. Actualmente se ha convertido en un himno indiscutible en sus conciertos, lo que ha hecho que la propia artista haya explicado con un vídeo a través de sus redes sociales cómo nació la idea de un estribillo que busca hacer sentir radiante a la persona que se tiene enfrente:

«Lo que quiere decir el estribillo es que me hace sentir el sol cuando me miras. Tienes en los ojos girasoles y cuando me miras soy la estrella que más brilla»

En el vídeo, la artista también confesó la curiosa observación visual que la inspiró a la hora de componer los versos: «¿Os habéis dado cuenta también de que hay gente que literalmente tiene esa flor literalmente en el ojo, en el iris? Y este era el caso».

 

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Esta peculiaridad visual a la que hace referencia la artista se conoce científicamente como heterocromía central, una condición genética en la que el iris presenta un deslumbrante anillo de color dorado o cobrizo alrededor de la pupila, contrastando con el resto del ojo. En el plano poético y simbólico, esta característica representa la idea de tener «solo ojos para ti», imitando la forma en que los girasoles giran sin descanso para seguir la luz del sol.

Fue precisamente esto la forma que usó la cantante para explicar cómo consideraba que debía ser el amor: «haciendo sentir gigante a quien tienes delante».

Escrita en parte durante sus viajes por Latinoamérica, la canción rinde un sincero tributo a quienes aportan luz en medio de un mundo ruidoso: «Es un homenaje a la gente buena, a la gente noble, a la gente que hace sentir bien a la gente que tiene alrededor.

 

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En un momento donde las noticias negativas y el ruido suelen acaparar toda la atención, la artista invita a cambiar la perspectiva para proteger nuestra propia salud emocional: «El mundo está lleno de mujeres y hombres buenos y lo justo es que focalicemos ahí para ser felices».

«Agarrarte a la vida»: dar luz a lo que se oculta en la sombra

En el extremo opuesto de este recorrido emocional se encuentra un tema que no nace de la celebración, sino del dolor compartido, del aprendizaje y del deseo de construir un salvavidas. Graduada en Psicología y con conocimientos de la psicología social, Rozalén sintió la necesidad de abordar el tabú del suicidio y los problemas de salud mental cuando la realidad llamó directamente a su puerta. La detonante fue una de sus mejores amigas de la infancia y de su vida, quien tras caer en una profunda depresión, el suicidio fue una válvula de escape que se le pasó por la mente.

En el espacio Historia de una canción de El País, la cantautora detalló el exigente y doloroso proceso de documentación al que se sometió durante días antes de atreverse a redactar los primeros versos:

«Lo que hice durante días antes de ponerme a escribir fue leer cartas suicidas, cartas de personas que antes de quitarse la vida dejaban algo escrito. Imagínate lo que es leer durante horas seguidas esas cartas»

Consciente del enorme impacto que cada palabra tiene cuando se habla de un sufrimiento tan extremo, la artista trabajó estrechamente con su amiga para evitar términos que pudieran sonar a «estigma» o que cargaran de culpa a quien padece:

«Hay frases en la letra en las que yo me estaba equivocando. Por ejemplo, hay una frase al principio en la que digo ‘y ya solo contemplas una forma de dejar de sufrir’. Pues yo lo primero que escribí fue ‘una forma de huir’. Ella me dijo que no estaba huyendo, que no era una cobarde y que no la echase más responsabilidad a este sufrimiento».

Educarnos para acompañar

Uno de los mensajes más contundentes que encierra el tema es la necesidad de educar a la sociedad para saber estar al lado de quien atraviesa un pozo negro. A través de versos conmovedores como «Pero solo tú puedes jugar a ser Dios», Rozalén no busca culpabilizar ni presionar, sino recordar con infinito cariño el valor supremo de la propia vida:

«No como culpa o ejercer responsabilidad sobre alguien sino constructivamente decir ‘tú tienes la última palabra, pero desde el cariño y sea como sea, el poder es tuyo'»

La intérprete de «La puerta violeta» insiste en que las canciones no tienen el poder de curar por sí solas, pero sí pueden convertirse en valiosas herramientas terapéuticas y sociales:

«No pretendo salvar la vida a nadie, sino que sea una herramienta más para trabajar, para crear debate, para generar diálogo. Para mí, todo lo que hago es algo personal para mi amiga».

Tanto desde la alegría bailable de «Girasoles» como desde la sobrecogedora mano tendida de «Agarrarte a la vida», Rozalén vuelve a demostrar que la música en español no solo emociona, sino que cura, educa y nos devuelve la esperanza para seguir adelante.

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