
Según los últimos datos recogidos por el Geoportal de Hidrocarburos del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (Miteco), el diésel en España estaba a una media de 1,783 euros por litro el 1 de septiembre y este pasado martes día 15 ha llegado ya los 1,893 euros por litro.
¿Por qué una subida del diésel puede terminar afectando a la compra del supermercado? La respuesta está en el transporte.
Una parte importante de los productos que compramos cada día necesita desplazarse por carretera antes de llegar a las tiendas. Alimentos, ropa, electrodomésticos, medicamentos o pedidos realizados por internet pasan, en algún momento, por camiones y furgonetas. Si el combustible que utilizan estos vehículos se encarece, también aumenta el coste de transportar esas mercancías.
Las empresas pueden asumir parte del sobrecoste durante un tiempo, reducir sus márgenes o buscar otras formas de compensarlo. Sin embargo, si el combustible permanece caro, existe mayor presión para trasladar una parte de ese incremento al precio final.
El efecto puede ser todavía más directo en productos que necesitan transporte frecuente o condiciones especiales de conservación. Frutas, verduras, carne, pescado y productos lácteos, por ejemplo, dependen de una cadena logística que requiere desplazamientos y, en algunos casos, refrigeración.
El combustible no solo interviene cuando un producto viaja desde un almacén hasta una tienda. En sectores como la agricultura, el diésel también se utiliza en tractores, cosechadoras y otra maquinaria.
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