Repertorio Gira 2026 El Último de la Fila

El Último de la Fila convierte su regreso a Madrid en una ‘Insurrección’

Manolo García y Quimi Portet vuelven a reencontrarse con el público madrileño en el Riyadh Air Metropolitano en una noche de clásicos y recuerdos

Marcos Aceña

Había ganas de volver a ver juntos a Manolo García y Quimi Portet. Y Madrid respondió como toca ante las grandes ocasiones: cantando prácticamente desde el primer minuto cada canción de El Último de la Fila. Más de treinta años después de su separación, el dúo volvió a subirse a un escenario de la capital dejando claro que su música sigue teniendo el mismo peso para todo tipo de generaciones: de padres a hijos.

No fue un concierto apoyado únicamente en la nostalgia, aunque era imposible escapar de ella. Lo que se vivió en el estadio del Atlético de MadridAtlético de Madrid fue más bien una sucesión de momentos muy concretos que devolvían a El Último de la Fila a la locura que siempre se ha vivido en sus conciertos. Desde la bajada de Manolo García a las primeras filas durante Aviones plateados, abriéndose paso entre el público como uno más, hasta la naturalidad con la que Quimi Portet sostuvo el pulso de la noche con sus guitarras.

Un repertorio para viajar décadas atrás y volver a ver a El Último de la Fila

El arranque con Huesos y Conflicto armado, de la etapa de Los Burros, marcó el tono de una noche que llegaba a Madrid después de los conciertos de Fuengirola y Barcelona. A partir de ahí, el repertorio fue encadenando clásicos como Querida Milagros, El loco de la calle o Aviones plateados, con un público que respondió de forma constante desde el inicio y que en pocas ocasiones paró.

Uno de los momentos más emblemáticos del concierto llegó mientras cantaba «Siempre suelo querer lo que no tengo. Y ahora que ya no estás aquí, me voy consumiendo», cuando Manolo García bajó del escenario y avanzó entre la pista mientras seguía cantando, en una escena que ya se ha repetido en otros conciertos de la gira.

También hubo espacio para lo imprevisible. En Piedra redonda, Manolo cogió un palo, golpeó el suelo varias veces y terminó rompiéndolo en mitad de la canción, dentro de ese estilo suyo tan poco medido pero reconocible. En Disneylandia, el escenario se transformó en algo parecido a un salón. Apareció un sillón, se tumbó sobre él, dio vueltas, lo empujó fuera de su sitio y acabó lanzándose café por encima, mientras el público seguía la escena entre la sorpresa y la risa.

La parte más personal del repertorio llegó con Sara, donde su hija, Sara García, que ya había tenido presencia tocando la guitarra en distintos momentos del concierto, salió de forma más destacada al escenario para acompañar la canción, convirtiéndose en uno de los focos de ese tramo del concierto sin necesidad de más artificios.

En Dulces sueños, la banda tuvo uno de sus momentos más completos, con todos los músicos ganando protagonismo en distintos pasajes y con los solos de guitarra de Quimi Portet especialmente presentes. También hubo espacio para las anécdotas cuando se recordó  aquella frase que Manolo solía decir en los inicios de la banda: “id y multiplicaos”, como guiño a sus primeros años de carretera juntos.

Manolo y Quimi, los reyes de la noche

El tramo final llegó con un vídeo recordando momentos de entrevistas llenos de amistad, momentos detrás de escenarios y muchas risas. Con Como un burro amarrado en la puerta del baile e Insurrección desataron la fiesta, donde incluso Manolo apareció con la segunda equipación del Atlético de Madrid de la próxima temporada, agradeciendo el detalle al club aunque reconociendo con humor que no es especialmente seguidor del fútbol.

Pero la joya de la corona llegó con El Rey, de José Alfredo Jiménez, porque si alguien mandó en la noche fueron ellos, con un concierto donde el público acabó formando parte del mismo escenario.