
Según el portal de la Clínica Mayo, los niños o adolescentes que presentan este trastorno suelen mostrar un comportamiento de hostilidad constante hacia su entorno. En sus palabras: «Abarca un patrón frecuente y constante de ira, irritabilidad, discusiones y desobediencia hacia el padre, la madre y otras figuras de autoridad. Además, también implica ser rencoroso y vengativo, un comportamiento que se conoce como resentimiento».
Para reconocer sus síntomas, los profesionales señalan que «causan problemas graves en las relaciones interpersonales, las actividades sociales, la escuela y el trabajo, tanto para el niño como para la familia«.
En cuanto al tratamiento, consiste en aprender a fomentar interacciones familiares positivas y a gestionar conductas problemáticas. En algunas ocasiones, puede ser necesaria la terapia y, en ocasiones, también el uso de medicación para tratar las posibles afecciones de salud mental asociadas. En cualquier caso, no dudes en consultar a tu psicólogo infantil de confianza.
Aunque no exista una manera de prevenir por completo esta manera de actuar, «la crianza positiva y el tratamiento temprano pueden ayudar a mejorar la conducta y evitar que la situación empeore».
En definitiva, aunque en muchas ocasiones estos comportamientos pueden confundirse con una etapa del desarrollo, es importante observar su intensidad y duración. Una detección temprana y un acompañamiento adecuado pueden marcar una gran diferencia en el bienestar del menor y en la dinámica familiar.
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