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Hablar por teléfono en el tren: la molestia que todos escuchan y que pocos se atreven a señalar

Nuestra reacción se encuentra en la psicología

Jesús Ruiz
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Tren
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Vas corriendo porque tienes ese miedo de perder el tren, llegas a la estación, te pican el billete, te subes, encuentras tu asiento y ahora, te tocan horas o minutos aguantando una conversación que no te interesa en absoluto, pero que te es imposible ignorar por el tono de voz al que habla tu compañera de asiento al móvil… ¿Qué necesidad hay? 

Viajar en tren es para muchos un momento para desconectar, escuchar música o simplemente es ese medio de transporte que tienes que coger a diario por motivos personales o laborales. Sin embargo, una simple llamada telefónica iniciada por otro pasajero puede cambiar tu estado de ánimo de manera instantánea, y lo curioso es que no te atreves a pedirle que guarde silencio o que, al menos, baje un poco la voz. 

¿Educación o resignación?

No existe una razón concreta de por qué nos molesta tanto que hablen por el teléfono cerca de nosotros; puede ser porque dificulta el descanso en el vagón o porque nos distrae de la música o el contenido en el que estábamos sumergidos. Aunque sí que es cierto que existe una teoría psicológica que ofrece algo de luz en este aspecto.

Psicológicamente, escuchar solo una parte del diálogo, lo que se conoce como medioálogo, es mucho más molesto que escuchar una conversación completa entre dos personas. Al no conocer las respuestas del interlocutor, nuestro cerebro tiene una necesidad innata de completar la información, lo que hace que sea casi imposible ignorar a alguien que está manteniendo otra conversación por teléfono a nuestro lado.

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A este fenómeno se le suma el volumen de la voz. Es habitual que quienes hablan por el móvil eleven el tono sin darse cuenta, lo que genera que las personas que comparten ese cerrado espacio con el usuario vean alterado el silencio o el bajo ruido que debería reinar, algo que aumenta la molestia.

Sin embargo, si todos coincidimos en que estas situaciones resultan realmente molestas e incómodas, ¿por qué nadie dice nada? En la psicología, puede relacionarse con el llamado «costo social de confrontación». Muchos usuarios temen que una simple petición acabe desencadenando una discusión o, en el peor de los casos, un conflicto con los otros pasajeros. Ese miedo nos lleva a preferir soportar la molestia antes que exponernos a un posible enfrentamiento.

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También puede actuar el llamado «efecto espectador», es decir, que cuando hay decenas de personas compartiendo un mismo vagón, cada uno espera inconscientemente que sea otro quien intervenga. Esa responsabilidad que acaba siendo compartida provoca que nadie actúe, aunque prácticamente todos estén pensando lo mismo. 

Modo silencio en el tren

Los trenes llevan años cobrando un enorme protagonismo en nuestro día a día, y el uso del móvil nos ha facilitado que los viajes se nos hagan más amenos; sin embargo, también puede ser la razón por la que nuestro viaje se convierta en un completo infierno.

Para trenes de larga distancia sí que se han implantado los llamados vagones silenciosos; sin embargo, todavía existen otros muchos tipos de transporte público en los que tenemos que aguantar conversaciones ajenas y a un tono muy elevado. 

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Nuestra educación y saber estar reina en estas situaciones y nos lleva a aguantar sin rechistar; sin embargo, realmente no debería de haber ningún problema en llamar la atención a aquel pasajero más ruidoso. Quizás no esté únicamente en señalar a quien habla demasiado alto, sino en recuperar, de manera colectiva, pequeñas normas de cortesía que ayuden a que el viaje se haga más agradable para todos.

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