La cuerda ha terminado por romperse definitivamente. Tras meses intentando mantener una fachada de cordialidad tras su ruptura el pasado verano, la tensión entre Irene Rosales y Kiko Rivera ha alcanzado su punto álgido. La colaboradora de televisión no ha estado dispuesta a pasar por alto los últimos ataques del DJ y ha decidido romper su silencio de forma tajante, dejando claro que su paciencia tiene un límite muy definido.
El detonante de todo ha sido el cruce de declaraciones y reproches públicos que ha rodeado a la expareja en los últimos días, especialmente tras las quejas de Kiko por la última campaña publicitaria de Irene.
@sevillamagazine #NOTICIA Nadie lo vio venir pero Irene Rosales se regala en su 35 cumpleaños esta campaña de publicidad con un dardazo a Kiko Rivera: «Un mix con un mal kiko es un mal mix»… ¿Cómo os quedáis? #sevillamagazine #irenerosales #kikorivera #actualidad ♬ sonido original – Sevilla Magazine
Lejos de quedarse callada o de perfil ante la polémica, la andaluza ha utilizado sus plataformas para lanzar un mensaje contundente y cargado de intenciones. Irene ha querido visibilizar el desgaste al que se ha visto sometida y cómo ha decidido priorizar su bienestar mental por encima del conflicto continuo: «Estoy de acuerdo, mi mente no da para más. Empezó a funcionar cuando me separé.
Con esta rotunda frase, la influencer justifica su necesidad de plantarse y frenar lo que considera una campaña de desprestigio o una actitud injusta por parte del hijo de Isabel Pantoja. Para Irene, proteger su estabilidad y la de sus hijas, Ana y Carlota, se ha convertido en la absoluta prioridad, obligándola a levantar un muro ante las provocaciones de su exmarido.
Lo que en agosto de 2024 comenzó como una separación que prometía ser ejemplar y madura, se ha transformado en un escenario de reproches cruzados. Los desacuerdos iniciales en la organización de la rutina de las pequeñas han terminado derivando en un conflicto mediático donde las indirectas y los comunicados en redes sociales son los protagonistas. Con este último paso al frente, Irene se desmarca por completo del rol pasivo, dispuesta a defender su terreno y su nueva vida profesional y sentimental.
En medio del debate, ha querido zanjar la polémica demostrando que se mantiene firme y sin un ápice de culpa por el proyecto que ha visto la luz. “Es trabajo y no me arrepiento de nada”, ha sentenciado con total seguridad. La propia protagonista ha confesado que la idea inicial la pilló desprevenida, admitiendo que “cuando me lo propusieron, dije: ‘Ostras’”. Sin embargo, la perspectiva laboral terminó imponiéndose: “Al rato pensé que era trabajo y que si no lo hacía yo lo iba a hacer otra persona”.
Lejos de ver maldad o un ataque directo en el anuncio, la colaboradora ha querido restar hierro al asunto amparándose en el tono cómico de la propuesta. “Es una publicidad y lo pensé con mi equipo. Es con humor y si te lo quieres tomar bien, bien; si no, es tu problema”, ha lanzado de manera muy directa.
“Estoy en un momento en el que pienso en mí, quiero hacer un colchón y comprarme una casita”. Para terminar, ha dejado claro que, aunque asume el impacto de lo que hace, en esta etapa de su vida sus metas personales están por encima de los enfados ajenos.
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