
Sus amigos en las cocinas no pudieron contener la emoción, especialmente Soko. La enfermera se echó a llorar al ver partir a un compañero que definió como «divino», destacando su sacarcasmo y esa alegría tan necesaria que aportaba al programa semana tras semana.
Vicente se marcho de las cocinas visiblemente afectado, confesando sentir el «síndrome del impostor». Con muchísima honestidad, admitió que se iba del programa con la sensación de no saber cocinar «ni un huevo frito» a pesar de llevar media vida entre fogones experimentando y cocinando.
A pesar de ese momento lleno de tristeza y melancolía al recordar lo vivido durante estas semanas, el aspirante demostró tener una entereza envidiable. «Voy a seguir peleando hasta que pueda abrir algo mío, algo íntimo», confesó antes de colgar el delantal.
Además, pidió a sus compañeros que no se pelearan tanto y que disfrutasen lo máximo posible de la experiencia, que, al fin y al cabo, sólo se vive una vez con esa intensidad. El jurado de Illescas intentó animarle recordándole que debe de estar muy orgulloso, ya que superó a miles de candidatos para estar en las cocinas más famosas de la televisión.
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