La de Leiva y Joaquín Sabina es una de las relaciones más celebradas de la industria musical, y es que la unión de estos dos talentos nos ha traído grandes alegrías musicales, mientras que a ellos les ha llevado a consolidar una amistad muy especial y profunda.
De ello se sinceraba el de ‘Como si fueras a morir mañana‘ en el documental que estrenaba recientemente, Hasta que me quede sin voz. Un proyecto que no solo nos ha acercado más a la persona que hay tras el artista, sino que además a él le ha valido la tercera nominación a los Premios Goya con el tema del mismo nombre que pone música al documental.
Entre los muchos temas que aborda en este sincero acercamiento, su relación con Sabina ocupa una parte importante. Su complicidad ha quedado manifestada en trabajos como Lo niego todo o la banda sonora del documental del de Úbeda, Sintiéndolo mucho, lo cual le valió el segundo Goya al madrileño.
Cada uno de los proyectos que han compartido se nutrió de largas noches de conversaciones, guitarras, papeles arrugados y un humor ácido que, en palabras del propio Leiva, siempre ha sido el sello del maestro. Y entre todo esto también se colaron los brindis que compartieron. «Nos emborrachábamos como piojos cada noche durante meses», confesaba el de Alameda de Osuna.

El origen de esta amistad se remonta a la adolescencia del propio Leiva, que asegura que en su habitación tenía un póster del maestro que miraba constantemente. «Me dormía cada noche viendo a Joaquín Sabina en la puerta de mi habitación», revelaba.
Fue unos años después, cuando él comenzó su andadura con Rubén Pozo en Pereza, cuando Joaquín Sabina no solo le puso en el mapa, sino que quedó encandilado con esos «dos chavales divertidos y muy golfos«. «Creo que dijo: ‘Hostia, yo quiero estar con estos’, y nos dijo si nos íbamos con él a Argentina a telonearle en el estadio de Boca Juniors«, contaba Leiva.
Una oportunidad de oro que los chicos de Pereza no dudaron en aprovechar. Y es que esto fue el origen de lo que ahora es una especial relación de amistad entre Leiva y Sabina. «En un momento dado me llama por teléfono y me dice que por qué no hacemos un disco juntos«, confiesa sobre Vinagre y rosas, el álbum del jienense en el que Pereza estuvo muy implicado.
Leiva recuerda esos años con mucho cariño y agradecimiento, además de diversión. «Él apostó por mí con mucho riesgo porque yo realmente no estaba preparado y ahí empezamos a componer, a intimar, a escribir. Nos emborrachábamos como piojos cada noche durante meses«, recordaba sobre esas jornadas de composición junto a Sabina.
La relación llega hasta nuestros días, y es que juntos no solo han seguido ampliando su universo musical, sino que además han consolidado una de las relaciones de amistad más especiales de nuestra música. ¡Eternos!
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