
Ahora, con el comienzo de la Copa del Mundo de 2026, esta pasión infinita vuelve a situarse en el foco social. Millones de personas alrededor del planeta seguirán cada partido con intensidad, mientras la ciencia continúa intentando responder a una pregunta que parece tan sencilla como compleja.
Un estudio realizado por la Universidad de Coimbra quiso analizar hasta qué punto una victoria o una derrota pueden afectar a nuestro cerebro y a nuestra salud emocional. Los investigadores encontraron una conclusión sorprendente, ya que la pasión futbolística comparte características con los mecanismos neuronales asociados al amor: «Nuestros resultados muestran sorprendentes similitudes entre la pasión por el fútbol y los fundamentos neuronales del amor maternal y romántico».
La psicóloga Marta Soler señala que parte de esta atracción tiene que ver con el componente competitivo del deporte: «Hay competitividad absoluta, un sentimiento de garra, de fuerza y de gran actividad para demostrar en el juego las ganas que todos tienen de ganar«.
Sin embargo, el vínculo va mucho más allá del resultado. Según la especialista, el fútbol forma parte de una tradición profundamente arraigada en países como España: «Se pasa de abuelos a nietos y se siente como algo sagrado».
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