
En ocasiones tendemos a ser demasiado estrictos a la hora de planificar nuestro descanso y, acorde con la opinión de la psicóloga Silvia Martínez en un artículo para El País: «Esta planificación no es insana o mala de por sí. Lo que pasa es que tendríamos que diferenciar hasta qué punto esa situación nos limita».
En este sentido, la experta advierte de que una organización excesiva puede acarrear consecuencias negativas: «A veces, nos excedemos en anticiparnos porque hoy tenemos control de todo. Eso nos puede generar incluso ansiedad, y el no planificar, el improvisar, nos puede hacer sentir que perdemos el tiempo o que desaprovechamos los planes. Nos da tranquilidad y seguridad el saber qué nos vamos a encontrar». De hecho, añade que «si la parte de la planificación está hiperactiva, esto es negativo, porque sentimos estrés o ansiedad«.
Entre los posibles efectos de esta práctica se encuentran la dificultad para desconectar realmente durante las vacaciones, la frustración cuando los planes no salen como se esperaba, la rigidez ante imprevistos y una menor capacidad para disfrutar del presente. Además, esa necesidad constante de control puede hacer que aumente la sensación de presión y reduzca la espontaneidad, elementos clave para un descanso de calidad.
Por ello, subraya la importancia de encontrar un equilibrio: «Hay que organizar cosas, pero también dejar espacio sin planificar. Nos escuchamos muy poco para ver realmente lo que pide nuestro cuerpo, como descanso o sol. También hay que confiar en uno mismo, porque el ser humano está preparado para responder a un montón de imprevistos, y hay que ajustar las expectativas».
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