
Según explica Ainhoa Brantuas, directora del Instituto Psicológico de Atención Integral: «Se trata de una enfermedad rara de origen genético que afecta a pocas personas, una de cada 15.000 o 20.000, y se produce por la pérdida o alteración de los genes paternos relacionados con el cromosoma 15″.
Además, detalla las consecuencias que tiene en los menores: «Estos niños también tienen déficit de la hormona del crecimiento (GH), que suele conllevar baja estatura, aumento de la grasa corporal y falta de desarrollo muscular. Por ello, si no se sigue un tratamiento con hormona del crecimiento, pueden tener talla baja y tendencia a la obesidad«.
La experta considera que esta enfermedad también influye en el bienestar emocional de los pequeños, por lo que cree que la educación de los progenitores es fundamental para ayudarles: «Los padres son esenciales en la regulación emocional y conductual, en la comunicación y el lenguaje, en el aprendizaje y en darles soporte en las habilidades sociales».
Por otro lado, pone el foco en un problema: la ignorancia de los adultos sobre una patología que hace que este apetito insaciable siga presente independientemente del cuerpo del niño: «Una de las mayores dificultades, debido al desconocimiento que se tiene sobre la patología, es que el entorno entienda que, aunque los niños hayan conseguido estar delgados, tienen que mantener unas pautas dietéticas muy estrictas«.
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