
Esta expresión hace referencia a la medida en que el poder adquisitivo de una persona influye en sus relaciones sexuales. Según un estudio publicado en el año 2013, aquellos individuos que pertenecen a una clase social baja o que tienen graves problemas económicos presentan mayores dificultades en su intimidad. De acuerdo con la psicóloga Carme Sánchez, existe una gran diferencia entre hombres y mujeres que se enfrentan a este desafío, puesto que, en el caso de ellas, suelen asumir también las preocupaciones del hogar:
«El hombre puede utilizar el sexo como una válvula de escape en tiempos difíciles; esta fórmula no sirve tanto para ellas. Nosotras, para poder disfrutar, necesitamos un cierto espacio de seguridad, sentirnos relajadas. Nos es más difícil compatibilizar placer con estrés«.
Asimismo, las investigaciones sobre esta cuestión afirman que quienes tienen menos recursos económicos practican más sexo, mientras que quienes disponen de mayores ingresos tienden a hacerlo de forma más cuidadosa, priorizando la calidad, el orgasmo y el disfrute.
Además, la especialista en bienestar sexual Mónica Chang afirma que gozar de un buen sueldo y empleo hace que cuidemos más de nuestros encuentros románticos:
«Las personas con ingresos más altos suelen poder permitirse tiempo para salir, practicar actividades de autocuidado o incluso invitar a su pareja a una cena romántica a la luz de las velas. Como ocurre con la mayoría de las cosas, cuanto más tiempo y esfuerzo se dedica a algo, mejores suelen ser los resultados».
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