
A simple vista puede parecer una simple joya. Un colgante esférico, normalmente metálico, que guarda en su interior una pequeña bolita capaz de producir un tintineo suave al moverse. Sin embargo, detrás de esa apariencia discreta se esconde una tradición que mezcla espiritualidad, calma y simbolismo.
Su origen no está del todo claro. Hay leyendas que lo sitúan en antiguas culturas que atribuían a su sonido la capacidad de atraer a un ángel protector. Pero hoy el llamador de ángeles se ha convertido en un amuleto moderno que muchas personas utilizan como recordatorio de serenidad en medio del ritmo acelerado del día a día.
Uno de los usos más extendidos en los últimos años está relacionado con el embarazo, y es que muchas futuras madres lo llevan colgado en largos collares que reposan sobre el vientre.
Se dice que el bebé puede percibir su característico sonido desde el interior y asociarlo con tranquilidad. Después del nacimiento, algunos padres continúan utilizándolo para calmar al recién nacido, aprovechando esa familiaridad con el sonido.
Este se ha convertido a día de hoy en un objeto más emocional que espiritual. No hay evidencia científica que respalde la idea de que atraiga seres protectores, pero sí está claro que su sonido puede generar bienestar, igual que ocurre con otros instrumentos suaves utilizados en prácticas de meditación.
Bien es sabido que a partir de cierta etapa del embarazo el bebé comienza a reconocer los sonidos del exterior, como son las voces de mamá, papá o incluso canciones. De hecho, si tiendes a ponerle una música concreta al bebé estando en el vientre materno, cuando nace puede que esas mismas canciones le ayuden a calmarse.
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