
Lo primero es olvidarse de la idea muy extendida de que un vinilo es valioso simplemente por ser antiguo. Puede haber discos con más de 50 años que apenas tengan demanda y otros mucho más recientes por los que algunos coleccionistas estén dispuestos a pagar cantidades importantes.
Uno de los factores fundamentales es la edición. Las primeras tiradas, publicaciones promocionales, ediciones limitadas o discos retirados poco después de ponerse a la venta pueden resultar especialmente interesantes. Por eso, dos copias aparentemente idénticas de un mismo álbum podrían tener valores completamente diferentes. Conviene fijarse en el sello discográfico, país de fabricación, año, número de catálogo e incluso en los códigos grabados junto a la etiqueta central. Estos detalles permiten identificar exactamente qué versión tenemos.
Encontrar una edición poco común es solo la mitad del trabajo. El estado del disco y de su portada influye enormemente en su precio. Arañazos, saltos durante la reproducción, humedad, manchas o una carpeta muy deteriorada pueden reducir considerablemente su atractivo. También merece la pena comprobar si conserva elementos originales como encartes, pósteres, libretos o fundas interiores. Y cuidado antes de intentar dejarlo como nuevo, puesto que una limpieza inadecuada también puede dañarlo.
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