
El lugar en el que vivimos dice mucho de nosotros. El orden, la colocación de los muebles o la limpieza pueden ser un reflejo de nuestra personalidad. Sin embargo, una experta ha demostrado que, además de tener repercusiones en nosotros mismos, la estructura del hogar también podría afectar a nuestras relaciones sentimentales.
En un artículo para El País, la interiorista Raquel Ariza Palacios asegura: «Cuando en casa no seguimos unas bases mínimas de equilibrio, orden y una distribución que favorezca la unión, el espacio puede generar pequeñas fricciones que, con el tiempo, se trasladan a la relación«.
En este sentido, añade que el diseño o la colocación de nuestros espacios es fundamental para establecer vínculos sanos, lejos de una saturación que podría acabar repercutiendo gravemente en nuestras parejas: «Un dormitorio saturado con muebles que bloquean el paso o elementos muy agresivos visualmente provoca agotamiento, mala comunicación y distancia emocional. La energía del espacio impacta directamente en nuestro estado mental, en nuestra capacidad de conectar y en cómo nos tratamos. Si el entorno no sostiene, desgasta».
Además, nos invita a reflexionar sobre la importancia de cuidar nuestra casa por dentro: «Muchas veces la gente no se da cuenta, pero el hogar es una extensión del mundo interno. Lo que sucede en el espacio refleja lo que ocurre en la pareja«.
Por último, defiende que lo óptimo sería eliminar aquellos elementos que estropean la decoración: «Dormir bajo vigas, entre muebles desproporcionados o rodeados de objetos simbólicamente hostiles (cuadros tristes, espejos frente a la cama, desorden) afecta al descanso y al vínculo».
Así que, si quieres mantener a salvo tu relación, comienza por ordenar y armonizar tu hogar, despejar el espacio de objetos que generen tensión y crear un entorno que favorezca la calma y la conexión emocional.
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