
Diversos expertos en salud ambiental, como la doctora Pilar Muñoz-Calero, presidenta de la Fundación Alborada, advierten de que estos productos liberan sustancias químicas al quemarse o difundirse en el aire. Entre ellas, destacan los compuestos orgánicos volátiles que, en determinadas concentraciones y con exposición continuada, pueden resultar perjudiciales para el organismo.
El principal problema es que estas emisiones pasan desapercibidas. A diferencia del humo visible de otros productos, las velas aromáticas generan partículas microscópicas que se dispersan fácilmente en espacios cerrados. Esto puede afectar especialmente a personas con enfermedades respiratorias, como asma o alergias, así como a niños y mascotas.
Los expertos no piden una eliminación radical, pero sí recomiendan un uso responsable. Encender una vela de forma ocasional, en un espacio bien ventilado, no supone un peligro significativo. El problema llega cuando se convierten en un elemento habitual del día a día, especialmente en habitaciones poco aireadas.
También aconsejan prestar atención a los materiales. Las velas elaboradas con cera natural, como la de abeja o soja, y con fragancias sin químicos sintéticos, pueden ser una alternativa más segura frente a las opciones convencionales.
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