
Ellos lo apuestan todo a lo digital, tienen su dinero a golpe de ‘click’, literalmente en la huella de sus dedos. Sacan su teléfono, deslizan la pantalla y tras un chequeo biométrico que apenas tarda un segundo pueden pagar cualquier artículo, y aunque parezca magia es tecnología, pero ¿Cómo ha sido realmente esta transición?
Pese a que cada vez estemos más acostumbrados a los pagos online, a las aplicaciones de los bancos o a tener nuestra tarjeta de crédito en el móvil, lo cierto es que las recomendaciones siguen resistiéndose al avance tecnológico: Debemos tener un colchón económico en casa con el que poder hacer frente a cualquier imprevisto como el apagón que sufrió nuestro país en abril de 2025 dejando completamente caídos todos los sistemas telemáticos.
Y así lo ha advertido recientemente el Banco de Suecia, animando a sus vecinos a tener 1000 coronas en efectivo siempre disponibles, ya que es la cantidad que permitiría que un adulto cubriera sus necesidades básicas durante una semana. Su cambio a nuestra moneda sería de aproximadamente 94 euros, aunque cada persona es libre de sumar la cantidad que considere a esta cifra indispensable.
Aunque la evolución digital en el mundo financiero convence completamente a las generaciones más jóvenes, hace aumentar las dudas en generaciones que están más arraigadas al uso del efectivo.
En cualquiera de los casos, debemos entender que un fallo técnico o una caída temporal de los servidores podrían impedir realizar ciertas operaciones, pero lo cierto es que no son muy frecuentes y que su duración no suele alargarse durante horas. Por ello, no podríamos concretar que esta tecnología carezca de seguridad, sino recordar que cualquier sistema puede tener pequeñas grietas que le hagan fallar en un momento determinado.
Por lo tanto, no debemos discutir sobre la seguridad o la eficiencia del traslado de nuestros ahorros a las pantallas, sino saber equilibrar el efectivo y la tecnología para poder hacer frente a cualquier imprevisto sin ningún tipo de problema.
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