El hambre es tu sombra. Te acompaña cada día y no se va ni con agua caliente. Para ella no existen los horarios. Lo mismo irrumpe a mediodía que a las tres de la madrugada. Es insaciable. Le das lo que pide, pero nunca tiene bastante. Si puede vaciarte la nevera, lo hará. ¡Y no empezará precisamente por la lechuga!
Sí, te sientes atrapado, intentas mirar para otro lado, pero acabas complaciéndola. Vamos, lo mismo que a tu perro cuando te mira con esos ojillos brillantes para que lo pasees. La diferencia es que tu cachorro solo te proporciona alegrías. ¿Y el hambre? Es el causante de que ya no entres en tus pantalones preferidos. ¡Elimina ya ese síndrome de Estocolmo que te produce la gula!
«Como ayer cené pizza, hoy no como», te dices a ti mismo. Y te quedas tan ancho. Otros días no desayunas, y el domingo estás tan cansado de la fiesta que ni te asomas por la cocina. ¡A ver quién se pone a hacer un cocido con ese cuerpo! Da gracias a que no somos tu madre para echarte la reprimenda, pues te la mereces. Es un error garrafal para conseguir tu objetivo. Recuerda: cinco comidas al día.
La grelina no es una vecina de tu pueblo experta en preparar lacón con grelos. Hablamos de la hormona del hambre, cuya producción se multiplica cuando interrumpes los sueños. No dormir las horas recomendadas perjudica a tu reto. Reconcíliate con tu almohada.
Lee, escucha música, baila, limpia esos cristales de una vez… Si estás ocupado, no tendrás tiempo de pensar en hacerte un bocadillo a la hora que no toca. Evitarás ese sentimiento de culpa cada vez que tu estómago se llena de mortadela con aceitunas.
Los alimentos fríos no sacian tanto como los templados o calientes. Una sopita humeante será tu aliada. Calmará tu apetito y esa tableta de chocolate dejará de resultarte tan apetecible.
Si lo haces de forma frenética, ingerirás el triple de alimentos en el mismo tiempo. Hay estudios que manifiestan que rumiar cada bocado unas cuarenta veces propicia que consumas menos calorías.
Que te sirva este enunciado de nota mental. El agua sacia. Te hace sentir lleno y, por tanto, no abusarás de alimentos calóricos. ¿Te acordarás?
Incluye en tu cesta de la compra cereales integrales, frutos secos, plátanos y huevos. Te ayudarán en tu reto. ¡Y te encantan!
¿Te pueden las ansias ante esa tabla de queso? ¿Y a quién no? Anda, mastica chicle. Calmará el gusa. Técnica más sencilla no la hay, así que, a hacer pompas.
Reconócelo, no solo no te subes a la bici porque te dé pereza. Además, crees que sudar te provocará más hambre y acabarás atracando de nuevo la pastelería de tu barrio. No te obsesiones con esa idea. El sedentarismo es el que conduce a la ansiedad que te lleva a un atracón. Quedarte en el sofá solo hará que esa lorza prácticamente invisible termine teniendo el tamaño de uno de esos globos que hinchaste en el cumpleaños de tu hijo.
Así que, si quieres combatir el hambre, pedalea y sigue estos ocho consejos que acabamos de darte. Conseguirás despistar al apetito, que dejará de ser inoportuno, apareciendo solamente cuando debe hacerlo. ¿Te apetece un chicle?
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