«Te doy dinero y te compras lo que quieras». Es la frase que has utilizado en más de una ocasión cuando tienes confianza con alguien al que no sabes qué regalarle. O eso o que, sencillamente, no estás por la labor de estrujarte los sesos. No te mereces un azucarillo, desde luego. Al menos podías currártelo algo más, como los japoneses. Ellos también son partidarios de repartir dinero como presente, pero lo hacen con un arte que no se puede aguantar, como diría Rosario Flores.
En el país del sol naciente, originales son un rato. Convierten lo que parece una simpleza en una auténtica maravilla. Tanto que incluso existe una tradición con tanto arraigo como en España la Tomatina, la paella y la Sagrada Familia juntas: otoshidama. No es ni el nombre de una nueva serie de animación nipona ni el de una postura imposible de un arte marcial.
Se trata, como avanzábamos, de regalar dinero en sobres, pero con un matiz: el envoltorio en el que se guardan los billetes (porque casi nunca son monedas) parece estar firmado por auténticos seguidores de Picasso, Dalí o Miró. Un sinfín de colores y numerosos dibujos con motivos japoneses escoltan la guita, arropada por una cinta adornada para la ocasión. La dedicación para fabricar estos sobres es tan grande que en muchos casos supera el valor del dinero que contienen.
Por supuesto, igual que en España tenemos las tarjetas navideñas (ya en desuso prácticamente, eso sí), en Japón también se comercializan estos originales envoltorios. Aunque apostar por el ‘hazlo tú mismo’ siempre resulta más encantador, ¿verdad?
¿Siempre se introduce la misma cifra? Respuesta negativa. Eso sí, existe una norma no escrita. La cantidad no debe incluir el número cuatro, pues simboliza mal fario. Vamos, que mientras en España los novios tendrían una sonrisa de oreja a oreja recibiendo tus 400 euros, en Japón estarías vetado en el convite.
Esta tradición tan artística encuentra su origen en los famosos sobres rojos del Año Nuevo chino. En este caso, se entregan a los solteros de la familia, tanto a niños como a adultos. Atendiendo a las costumbres de la instaurada otoshidama, son los más pequeños los que suelen recibir estos presentes.
Las cantidades son exiguas, y los menores son obsequiados con varios sobres con la pretensión de que vayan acumulando su propia fortuna. Tú ya te habrías comprado tu coche teledirigido, pero ellos ahorran, miga a miga.
Esta tradición llamada otoshidama se asocia a la época navideña, pero existen otras ocasiones en las que regalar dinero en sobres especiales resulta habitual. Ya hemos comentado la costumbre de entregar billetes a los recién casados. A ellos tenemos que añadir las parejas que acaban de ser padres y los amigos o conocidos que se encuentran en el hospital tras un accidente.
Los vecinos también sacan tajada. En las películas americanas, si te mudas a otra ciudad, recibes un pastel de cereza de quienes viven al lado. En Japón, si vas a vivir a una nueva residencia, eres tú el que debe llamar a la puerta con tu sobrecito lleno. Y no vale con tocar el timbre de la letra B, has de ir casa por casa con tu presente.
Ahora que ya conoces todo acerca de esta tradición nipona, ¿te animas a sacar los rotuladores?
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