Cómo ayudar a tu hijo adolescente para que no deje los estudios

anamas

La adolescencia es una época de cambios, de adaptación, de no encontrar tu sitio en el mundo y por supuesto  de sentirse incomprendido, casi todos pasamos por este proceso.

Y muchas veces en este camino una de las cosas que pueden suceder es que aparezca la desmotivación para continuar estudiando. Es entonces cuando a los padres les saltan todas las alarmas y no saben cómo hacer para que su pequeño, que ya no lo es tanto, no abandone su formación.

Cómo ayudar a tu hijo adolescente, lo primero saber si es pasajero 

Lo principal es saber si se trata de algo pasajero o de algo más afianzado. En cualquier caso debemos dejar un poco de margen y no alarmarnos en el primer minuto.

Hay momentos, cómo el cambio de la escuela al instituto, en los que es normal que el rendimiento de los niños caiga, ya que es un cambio para el que necesitan un tiempo de adaptación.

Otro punto a tener en cuenta es el intentar acercar posturas y empatizar con el otro, aunque cada uno miremos hacía nosotros mismos y pensemos que somos los más afectados por la situación,  debemos hacer un esfuerzo por ponernos en el lugar de nuestros hijos adolescentes e intentar que la comunicación sea lo más fluida posible con ellos.

Escuchar, respetar y guiar son los puntos clave

Hay algunas pautas que pueden ayudarte a ti y sobre todo a tu hijo, la primera de ellas tiene que ver con hablar y escuchar, intenta hablarle a tu hijo con tranquilidad y comprender cuales son sus inquietudes y sobre todo qué piensa.

Trata de ver dónde está el origen de la desmotivación y si hay algo externo que pueda estar afectándole (bullying, trastornos alimenticios, problemas con sus amigos…).

La falta de motivación escolar  puede tener dos orígenes:  los cambios físicos y psicológicos del adolescente, que provocan que su atención por los estudios disminuya y que aumente su deseo de hacer cosas que hasta ahora no podía hacer o puede estar en el propio sistema educativo que en ocasiones impone materias poco motivadoras y a veces no ofrece demasiados estímulos positivos al estudiante.

Déjale un margen para que haga lo que más le divierta, deporte, música o jugar a la consola eso si siempre manteniendo un compromiso firme con sus obligaciones académicas. Trata de encontrar un punto intermedio entre ambas cosas, ni todo el día en la consola ni todo el día pegado a los apuntes.

Habla con él sobre su futuro, sobre qué quiere hacer en los años siguientes, busca información con él y ayúdale a marcarse objetivos, apóyale en sus expectativas.

 

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