La lactancia materna suele presentarse como un acto natural, instintivo y profundamente emocional, casi como una escena perfecta entre madre y bebé. Sin embargo, la experiencia real está llena de matices, altibajos y sorpresas que rara vez aparecen en los manuales o en las conversaciones previas al parto.
A pesar de toda la información disponible, muchas mujeres coinciden en que la lactancia es uno de esos viajes que no se comprenden del todo hasta que se viven en primera persona. Hay aspectos físicos que nadie menciona, desafíos emocionales inesperados y también pequeñas alegrías íntimas que solo se descubren cuando el bebé comienza a mamar. Desde el famoso “enganche” hasta el impacto en el sueño, la pareja o la vida social, el proceso está lleno de realidades que sorprenden incluso a las madres más preparadas.
Con la ayuda de varias matronas y especialistas en posparto, reunimos 15 cosas que muchas madres solo descubren cuando ya están inmersas en la lactancia y que deberían decirse en voz alta mucho antes, para que cada mujer pueda vivir su experiencia con menos presión y más acompañamiento.
Se suele creer que el bebé “simplemente sabe” mamar, pero tanto él como la madre necesitan práctica. El agarre correcto puede tardar días o semanas.
Desde las primeras tomas, el dolor puede ser sorprendentemente intenso. Las grietas, la presión y la sensibilidad extrema pillan a muchas madres desprevenidas.
Las tomas pueden ser cada hora, cada media hora o en “racha maratoniana”, sobre todo de noche. La demanda puede sentirse agotadora.
La lactancia puede generar emociones intensas: desde amor desbordado hasta tristeza súbita durante las tomas (como la reflejo disfórico de eyección).
La producción no es estable: sube y baja según el día, el estrés, la hidratación o el tipo de estímulo. No existe un “volumen perfecto”.
Entre tomas, cambios, gases y sueño fraccionado, muchas madres sienten que su vida gira exclusivamente en torno a alimentar al bebé.
La falta de apoyo, los comentarios no solicitados o los mitos (“tu leche no alimenta”) pueden hacer la experiencia mucho más dura.
¿Come suficiente? ¿Por qué está tan irritable? ¿Por qué pide tanto? Son preguntas universales entre madres lactantes.
Muchos esperan que extraerse leche sea rápido, práctico y cómodo… pero puede ser incómodo, lento o emocionalmente frustrante.
La alimentación influye, sí, pero no existe una dieta perfecta que garantice “más leche”; es mucho más complejo y personal.
Los bebés suelen mamar más de noche porque ayuda a regular la producción, aunque implique noches eternas para la madre.
Uno puede experimentar aumentos de talla, fugas inesperadas, asimetrías y sensibilidad en momentos aleatorios.
Aunque sea un acto íntimo, muchas mujeres sienten aislamiento mientras pasan horas y horas alimentando a su bebé sin poder desconectar.
Además de doler físicamente, también puede ser un proceso doloroso emocionalmente. Puede mezclarse alivio, nostalgia, orgullo y tristeza al mismo tiempo.
Cada díada madre-bebé vive su propia historia. Sea exclusiva, mixta o corta, lo importante es que sea una experiencia acompañada y sin culpa. Además, no se debe sentir ningún tipo de pudor ni vergüenza si opta por acudir a una asesora de lactancia para sobrellevar el proceso.
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