En muchos hogares, la mampara de la ducha se ha convertido en uno de los elementos más difíciles de mantener impecables. La cal, el jabón y la humedad diaria hacen que, con el tiempo, pierda brillo y transparencia.
Sin embargo, expertos en limpieza doméstica coinciden en que no es necesario recurrir a productos agresivos ni a largas sesiones de fregado. Existen métodos sencillos, económicos y sorprendentemente eficaces para devolverle su aspecto original. Estos son los siete trucos más recomendados.
El vinagre blanco sigue siendo el rey de los remedios caseros. Calentarlo ligeramente potencia su efecto desincrustante. Aplicado con un pulverizador y dejado actuar unos minutos, elimina la cal acumulada sin esfuerzo. Los especialistas recomiendan aclarar con agua tibia y secar con un paño de microfibra para evitar marcas.
Cuando la suciedad está muy adherida, el bicarbonato es un aliado perfecto. Mezclado con unas gotas de agua hasta formar una pasta, permite frotar suavemente sin rayar el cristal. Su acción abrasiva es lo bastante suave como para no dañar la superficie, pero lo bastante potente como para eliminar restos de jabón y manchas persistentes.
Los limpiacristales tradicionales funcionan bien, pero los que incluyen alcohol en su fórmula ofrecen un acabado más brillante y un secado más rápido. Son especialmente útiles para el mantenimiento diario o semanal. Aplicarlos con papel de cocina o un paño que no deje pelusa garantiza un resultado profesional.
Uno de los métodos más curiosos —y cada vez más popular— consiste en mezclar suavizante con agua en un pulverizador. Esta solución crea una fina película que repele las gotas de agua y retrasa la aparición de cal. No limpia en profundidad, pero es ideal como tratamiento preventivo entre limpiezas más intensas.
Los expertos coinciden: usar una espátula de goma al terminar la ducha es el hábito más eficaz para mantener la mampara impecable. En apenas diez segundos se eliminan las gotas que, al secarse, dejan marcas. Es un gesto sencillo que reduce drásticamente la necesidad de limpiezas profundas.
No solo el cristal necesita atención. Los perfiles y juntas acumulan humedad y restos de jabón que pueden ennegrecerse con el tiempo. Un cepillo pequeño y jabón neutro permiten limpiarlos sin deteriorarlos. Mantener estas zonas en buen estado evita filtraciones y prolonga la vida útil de la mampara.
El último paso, y uno de los más importantes, es el secado. Los paños de microfibra absorben más agua que los tradicionales y no dejan marcas. Pasarlos tras la limpieza garantiza un acabado transparente y sin velos.
Con estos siete trucos, mantener la mampara como nueva es más fácil de lo que parece. La clave está en combinar una limpieza periódica con pequeños gestos diarios que eviten la acumulación de cal y suciedad. Una rutina sencilla que puede transformar por completo el aspecto del baño.
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