Persona cansada en la playa

¿Día de playa para descansar? Esta es la razón científica por la que puedes acabar más cansado

El calor o la pérdida de líquidos hacen que el organismo trabaje más de lo que parece

Alba García-Fogeda

Pasar un día en la playa debería ser sinónimo de descanso. Sin embargo, no es extraño terminar la jornada con sueño, cansancio e incluso con la sensación de necesitar otro día libre. La explicación está en todo lo que hace nuestro cuerpo mientras nosotros creemos que no estamos haciendo nada.

La escena se repite cada verano. Toalla, sombrilla, un baño de vez en cuando y muchas horas frente al mar. Un plan que parece propio para desconectar y recuperar energía, pero que puede terminar justo al contrario. Cuando llega la tarde, el cuerpo pide sofá, ducha y, en muchos casos, dormir.

Entonces surge la pregunta: ¿cómo es posible estar cansados después de pasar tantas horas descansando? La respuesta está en que permanecer tumbados no significa que nuestro organismo esté completamente en reposo. El calor, el sol, la pérdida de líquidos e incluso caminar por la arena hacen que el cuerpo tenga que trabajar más de lo que parece.

El cuerpo sigue trabajando aunque estés tumbado en la playa

Persona tumbada al sol
Persona tumbada al sol I getty

Uno de los principales responsables es el calor. Cuando pasamos varias horas en la playa, especialmente durante las horas centrales del día, nuestro organismo tiene que esforzarse para mantener una temperatura adecuada.

Para conseguirlo, aumenta el flujo de sangre hacia la piel y activa la sudoración. Son mecanismos naturales que ayudan a liberar calor, pero también suponen un esfuerzo para el organismo.

Craig Crandall, profesor de Medicina Interna en la Universidad de Texas Southwestern, explica que mantener estable la temperatura corporal requiere un esfuerzo constante. Cuando hace calor, el organismo aumenta el flujo de sangre hacia la piel y activa la sudoración para intentar enfriarse.

A esto hay que sumar la pérdida de líquidos. Aunque no estemos haciendo ejercicio, el calor y el sudor hacen que perdamos agua y sales minerales. Cuando esa pérdida no se repone correctamente, puede aparecer cansancio, debilidad o dolor de cabeza. Por eso, esas horas aparentemente tranquilas sobre la toalla no son tan pasivas para nuestro cuerpo como podríamos pensar.

Caminar por la arena también pasa factura

Caminar por la playa
Caminar por la playa I getty

El calor no es el único factor. Un día de playa suele incluir pequeños esfuerzos que, aunque no percibamos como ejercicio, también pueden contribuir al cansancio.

Caminar por la arena, por ejemplo, requiere más esfuerzo que hacerlo sobre una superficie firme. El pie se hunde y los músculos tienen que trabajar más para mantener la estabilidad y avanzar. De hecho, caminar sobre arena puede llegar a requerir cerca del doble de energía que hacerlo sobre una superficie compacta.

A eso se suman los paseos por la orilla, los baños, los juegos en el agua o el simple hecho de transportar todo lo necesario para pasar el día. La sombrilla, las sillas, la nevera, las bolsas… El descanso empieza incluso antes de colocar la toalla, pero no siempre para nuestro cuerpo.

El sol también influye en el cansancio

Joven en la playa deslumbrada por el sol
Joven en la playa deslumbrada por el sol I getty

La exposición solar es otro elemento que puede contribuir a esa sensación de agotamiento. El organismo tiene que responder al calor y mantener sus mecanismos de regulación activos durante todo el tiempo que permanecemos expuestos.

Si además se produce una quemadura solar, el cuerpo pone en marcha procesos para reparar el daño provocado en la piel. Por eso, protegerse del sol no solo es importante para evitar problemas en la piel, sino también para reducir el desgaste que puede provocar una exposición excesiva.

Todo esto explica por qué podemos terminar un día de playa con la sensación de haber hecho mucho más de lo que realmente hemos hecho.

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