Hay quien sale a correr para despejar la cabeza, quien lo hace para mejorar sus marcas y quien quizá tenga ahora un motivo más para ponerse las zapatillas. Strava, la conocida aplicación deportiva, se ha convertido en un punto de encuentro para conocer gente y, en algunos casos, incluso para ligar.
La plataforma nació con el objetivo de registrar entrenamientos, guardar recorridos, controlar tiempos y analizar el rendimiento de quienes practican deporte. Sin embargo, con el paso de los años ha ido adquiriendo una dimensión social que la acerca, aunque de una forma muy diferente, a aplicaciones como Tinder.
La aplicación cuenta ya con más de 180 millones de usuarios en todo el mundo y se ha convertido en mucho más que una herramienta para medir cuánto se ha corrido o pedaleado.

La diferencia está en la forma de conocer a otras personas. En Strava no hay que deslizar perfiles hacia un lado u otro para hacer match. La interacción nace alrededor de una actividad compartida.
Los usuarios pueden seguir a otros deportistas, consultar sus entrenamientos, comentar sus publicaciones o dejar los conocidos kudos, una especie de ‘me gusta’ de la plataforma. También pueden participar en clubes y grupos relacionados con diferentes disciplinas.
Y ahí es donde aparece la parte más curiosa. Al compartir entrenamientos, cada perfil muestra de forma indirecta algunos aspectos de la vida de esa persona. Saber que alguien sale a correr con frecuencia, que suele entrenar por una determinada zona o que participa en un club puede convertirse en una primera pista para iniciar una conversación.
La propia Strava destaca el crecimiento de su comunidad deportiva. En 2025, el número de clubes de running creados en la plataforma se multiplicó por 3,5. Además, según datos recogidos por la compañía en su informe Year in Sport, uno de cada cinco encuestados de la Generación Z aseguró haber tenido una cita con alguien que conoció a través de un club de running.
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El atractivo está precisamente en que el primer punto en común ya existe. No hace falta comenzar una conversación buscando algo que compartir. La afición por correr, montar en bicicleta o practicar cualquier otra actividad deportiva puede servir como punto de partida.
La creadora de contenido deportivo Marta Baceiredo, usuaria habitual de Strava, explicó en Hora 25 de Cadena SER que es un buen lugar para conocer a personas con intereses similares. Además, el crecimiento de los clubes de running ha reforzado esta tendencia. Entrenar en grupo facilita que las relaciones que comienzan en la pantalla puedan trasladarse después a la vida real.
Por eso, llamar a Strava «el nuevo Tinder» puede resultar llamativo, pero no significa que la aplicación haya cambiado su función principal. Continúa siendo una herramienta para registrar y compartir actividad física. Lo que ha cambiado es la manera en la que sus usuarios aprovechan su dimensión social.
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