Todos ansiamos poder ganar la lotería y sabemos perfectamente lo que haríamos con el dinero ganado. Cada uno se rige por su propia estrategia a la hora de comprar un boleto: seguir comprando el mismo número, apostar con uno que lleve tu número de la suerte o simplemente dejarlo en manos del azar.
Cada uno se deja llevar por sus propias teorías hasta lograr que algún día cambie su suerte. Sin embargo, existe el caso de un hombre que demostró que las matemáticas pueden desmontar cualquier juego de azar.
Se trata de Stefan Mandel, un señor que pasó a la historia por lograr ganar la lotería hasta en 14 ocasiones sin recurrir a las trampas. Se trataba de una estrategia de lo más sencilla posible en concepto, aunque difícil de ejecutar, que terminó provocando que se realizaran cambios en la normativa de numerosos países para evitar que dicha jugada se repitiese.
Mandel era un economista y matemático de origen rumano, que más tarde se nacionalizó como australiano, el cual no se dejaba llevar por el azar ni por la suerte, sino que se dedicaba a estudiar las probabilidades y a calcular cuándo la lotería se convertía en toda una inversión rentable.
En este sentido, la clave estaba en localizar aquellos sorteos cuyo premio acumulado fuese superior al coste de comprar todas las combinaciones posibles. Si dicho bote era suficiente, la operación era rentable desde el punto de vista matemático.

Una teoría sencilla que requería de una práctica más compleja, ya que para llevar a cabo este sistema Mandel tuvo que reunir a un pequeño equipo para desarrollar algoritmos capaces de generar millones de combinaciones válidas, además de crear una red de inversores que financiaban esta operación tan gigantesca.
Su golpe estrella llegó en la lotería del estado de Virginia, en Estados Unidos. Por aquel entonces, el sorteo utilizaba únicamente 44 números, lo que generaba 7.059.052 combinaciones posibles. Cuando el bote acumuló 27 millones de dólares, el matemático consideró buen momento para llevar a cabo la práctica.
En el plazo de dos días, su equipo logró apenas adquirir cerca de cinco millones de boletos, pero consiguieron hacerse con todas las combinaciones existentes. No obstante, entre aquella magnitud de boletos estaba el premio ganador.

Una victoria de una enorme magnitud que despertó todas las alarmas. La operación fue investigada por las autoridades estadounidenses, incluido el FBI, para comprobar si existía algún tipo de fraude. Sin embargo, al existir este vacío legal matemático, no encontraron ninguna irregularidad.
Tras este logro que rompía con el juego de azar más utilizado, muchos países optaron por endurecer la normativa, limitando las impresiones de boletos y estableciendo nuevas reglas para impedir que una sola organización pudiera hacerse con una parte tan significativa de todas las combinaciones posibles.
Debido a este sistema, Stefan Mandel logró hacerse con el premio hasta en 14 sorteos distintos. Sin embargo, eso no significó quedarse íntegramente con el dinero. Detrás de esta suma de dinero había que restarle la parte destinada a decenas de inversores, importantes gastos operativos y costes legales que reducían considerablemente el premio final.

Tras su último gran golpe a la industria lotera, se instaló en Vanuatu, un archipiélago del Pacífico Sur, donde llevó una vida más discreta. Aunque su trayectoria posterior estuvo lejos de todos estos éxitos matemáticos. En 1995 se declaró en bancarrota y años después se vio implicado en un caso relacionado con un esquema de inversión ligado a la lotería y vinculado a terrenos en Vanuatu.
Finalmente, en 2004 fue condenado en Israel por fraude bursátil a diez meses de prisión y una multa. Aunque Stefan nunca ha llegado a cumplir dicha pena. En 2023 solicitó revisar el caso alegando nuevas pruebas, pero el Tribunal Supremo israelí rechazó este recurso.
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