pescado envasado

La OCU advierte un sobrecoste del 30% en el pescado fresco envasado ante la desaparición de los mostradores en el súper

La Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) lamenta la progresiva sustitución de la pescadería tradicional por bandejas preparadas

Veronica Orcajo

La ONU denuncia que el modelo del pescado envasado empobrece la oferta, merma el asesoramiento personalizado y perjudica al medio ambiente por el exceso de plásticos. 

Comprar el pescado limpio, fileteado y listo para cocinar directamente ofrece una innegable comodidad, pero tiene un precio muy alto para el bolsillo del consumidor. Es más, la organización ha advertido que adquirir el pescado fresco envasado en bandejas puede suponer un sobrecoste medio del 30% en comparación con comprar la misma pieza en el mostrador tradicional del establecimiento y pedir al pescadero que la prepare.

Pescado envasado: menos trato humano, precios más inflados

La OCU ha analizado los precios de pescados habituales en la cesta de la compra (como el salmón, la merluza, la dorada o la lubina) en diez de las principales cadenas de distribución. Las conclusiones son claras: pagar por la comodidad de llevarte el pescado ya fileteado y envasado dispara la factura.

  • El tamaño importa. Este sobrecoste se ceba especialmente con las piezas medianas o pequeñas. En pescados como la dorada o la lubina, la diferencia  de precio entre el mostrador y la bandeja es abismal. En cambio, en piezas grandes o preparaciones muy básicas (como el pescado simplemente eviscerado, ya sin raspa y cabeza), la brecha económica es menor
  • El truco de la comodidad: La organización denuncia que las cadenas de supermercados están utilizando la “comodidad” del cliente como una cortina de humo para imponer un modelo logístico (como el sistema centralizado de Mercadona) que, en realidad, a quienes beneficia es a ellos, ya que reduce costes de personal y automatiza los procesos.

Un triple prejuicio: bolsillo, salud y planeta

La OCU destaca tres problemas principales: 

  1. Perdida de control sobre la frescura. Al estar el pescado troceado y envasado, el consumidor ya no puede revisar los indicadores clave de calidad, como el brillo de los ojos o el color de las agallas
  2. Adiós al asesoramiento. Se pierde la figura del profesional que aconseja sobre las piezas o la forma de prepararlas. Al desaparecer la pescadería atendida, el consumidor ya no es tan capaz de elegir, personalizar ni recibir el asesoramiento especializado
  3. Paso atrás medioambiental. Volver a llenar el carrito de la compra con plásticos de un solo uso choca directamente con todas las normativas europeas de sostenibilidad

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