Viajar en avión es una experiencia que muchos disfrutamos, pero también hay detalles que pueden convertirlo en algo estresante o incómodo. En los últimos meses han ganado atención, tanto en aeropuertos como en redes sociales, varias prácticas de pasajeros que molestan a otros viajeros y al personal de vuelo.
Desde los llamados piojos de pasillo y piojos de puerta hasta los luggage loungers, unas actitudes que, aunque parezcan pequeñas, alteran el orden y la convivencia en los aeropuertos.
Uno de los comportamientos más criticados es el de los pasajeros que, con el avión aún en tierra y la señal de cinturón encendida, se levantan frenéticamente y se plantan en el pasillo con maletas a la espera de bajar primero. A estos se les ha llegado a llamar piojos de pasillo porque, como describe el diario 20 minutos, obstaculizan la salida sin ganar apenas tiempo y generan tensiones con otros viajeros.
Otro grupo muy común es el de los piojos de puerta (gate lice en inglés), personas que se colocan junto a la puerta de embarque mucho antes de que su grupo sea llamado. Este fenómeno, documentado incluso en terminología de aeropuertos, provoca congestión y puede retrasar el proceso de entrada al avión, además de dificultar el acceso de pasajeros con necesidades especiales o grupos prioritarios.

Los expertos señalan que este comportamiento tiene raíces psicológicas. La ansiedad por llegar antes o la percepción de que anticiparse puede asegurar el espacio en el compartimento superior. También, la tendencia social de imitar a otros viajeros cuando parecen estar ‘ganando ventaja’.
Un término que también circula en medios e internet es el de luggage loungers (tumbonas de equipaje). Este nombre se refiere a los pasajeros que, tras aterrizar y dirigirse a la zona de recogida de maletas, se colocan justo al lado de la cinta transportadora con sus pertenencias. Estas personas ocupan espacio y dificultan el paso a otros viajeros.
Aunque no es tan conocido como los piojos de pasillo o de puerta, este comportamiento también refleja una forma de ansiedad por recuperar rápido las pertenencias, y puede aumentar la sensación de claustrofobia o tensión en espacios que ya de por sí suelen ser estrechos y concurridos.
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