
Aunque muchas personas relacionan directamente la subida de kilos con la alimentación o el ejercicio, la calidad del sueño también tiene mucho que decir en este proceso. Según la Sociedad Española del Sueño, cerca del 43% de los españoles presenta algún síntoma de insomnio. De hecho, distintos especialistas señalan que dormir poco puede alterar el equilibrio hormonal y cambiar la forma en la que el organismo gestiona la energía.
Una de las principales razones por las que dormir poco puede influir en el peso tiene que ver con las hormonas que regulan el hambre. Durante el descanso nocturno, el cuerpo ajusta los niveles de sustancias como la leptina y la grelina, encargadas de controlar la sensación de saciedad y apetito.
Cuando las horas de sueño se reducen, estos niveles se desequilibran. En consecuencia, disminuye la sensación de estar lleno y aumenta el deseo de comer, especialmente alimentos más calóricos y ricos en azúcares o grasas.
Además, el cansancio también influye en las decisiones que tomamos a lo largo del día. Cuando una persona duerme poco, es más probable que recurra a comidas rápidas o snacks poco saludables para compensar la falta de energía.
El descanso insuficiente también puede afectar a la forma en que el cuerpo procesa los nutrientes. Los especialistas explican que la falta de sueño puede ralentizar el metabolismo y dificultar que el organismo utilice correctamente la glucosa, lo que puede favorecer la acumulación de grasa con el paso del tiempo.
A esto se suma otro factor importante: cuando estamos cansados, tendemos a movernos menos. El agotamiento reduce la actividad física diaria y hace que el gasto energético sea menor. Aunque las necesidades pueden variar según la persona, la mayoría de expertos recomienda dormir entre siete y nueve horas cada noche para mantener un buen estado de salud.