Cuerpo humano

¿Qué partes de nuestro cuerpo ya no necesitamos? Los restos de la evolución que aún conservamos

De las muelas del juicio al coxis, nuestro organismo guarda sorprendentes pistas sobre nuestros antepasados

Jorge Cintas

Aunque no lo parezca, nuestro cuerpo esconde pequeñas pistas de cómo vivían nuestros antepasados. Algunas estructuras que hace miles de años tenían una función importante han dejado de ser necesarias o han perdido buena parte de su utilidad, pero siguen ahí. Son los llamados vestigios evolutivos y probablemente convivas con varios de ellos sin habértelo planteado nunca.

Del apéndice a las muelas del juicio

Uno de los ejemplos más conocidos es el apéndice. Durante mucho tiempo se consideró prácticamente inútil, aunque actualmente sabemos que puede desempeñar funciones relacionadas con el sistema inmunitario y las bacterias intestinales. Eso sí, ha perdido gran parte de la importancia que estructuras similares tuvieron para la digestión en nuestros antepasados.

También podemos mirar bastante más abajo. El coxis, situado al final de nuestra columna vertebral, es un recuerdo de la cola que tuvieron nuestros ancestros. Ya no cumple aquella función, pero tampoco está completamente de adorno, sino que continúa sirviendo como punto de unión para músculos y ligamentos.

¿Y las muelas del juicio? Nuestros antepasados tenían mandíbulas más grandes y necesitaban triturar alimentos mucho más duros. Hoy disponemos de una dieta diferente y nuestras mandíbulas cuentan con menos espacio, provocando que estas piezas puedan convertirse más en un problema que en una ayuda.

Muela del juicio
Muela del juicio – Getty

Todo tiene una explicación en nuestro cuerpo

Hay otros restos de la evolución que aparecen constantemente. La piel de gallina, por ejemplo, está relacionada con diminutos músculos que levantan nuestro vello. En animales con abundante pelaje, este mecanismo ayuda a conservar el calor o a parecer más grandes frente a una amenaza. En nosotros, con mucho menos pelo, el efecto resulta bastante menos útil.

Nuestro cuerpo demuestra así que la evolución no elimina automáticamente todo aquello que deja de necesitar. Algunas características cambian de función, otras pierden importancia y muchas simplemente permanecen generación tras generación.

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