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¿Por qué escuchamos peor cuando no vemos la cara de quien nos habla? Descubre el efecto McGurk

Tus ojos también participan en una conversación aunque nunca te hayas dado cuenta

Jorge Cintas

Estás en un bar lleno de gente, alguien te habla y, casi sin darte cuenta, miras directamente a su boca para intentar entenderle. O te dicen algo desde otra habitación y parece mucho más difícil descifrar las palabras. La explicación está relacionada con el efecto McGurk, un curioso fenómeno que demuestra que, aunque no lo parezca, para entender lo que escuchamos nuestro cerebro también se ayuda de lo que vemos.

El efecto McGurk: tus ojos también «escuchan»

Aquí entra en juego el llamado efecto McGurk, una curiosa ilusión que demuestra hasta qué punto lo que vemos puede cambiar lo que creemos escuchar. La idea es mucho más sencilla de lo que parece. Cuando hablamos con alguien cara a cara, nuestro cerebro no recibe únicamente su voz, también observa cómo mueve los labios y la boca y utiliza esas pistas para interpretar sus palabras.

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Por eso existen experimentos en los que se reproduce exactamente el mismo sonido mientras cambia únicamente el movimiento de los labios que aparece en pantalla. ¿El resultado? Algunas personas aseguran haber escuchado sonidos diferentes. Es decir, tus oídos reciben una cosa y tus ojos pueden conseguir que tu cerebro interprete otra.

Una situación que vivimos constantemente

No hace falta participar en ningún experimento para comprobar la importancia de mirar a quien nos habla. Piensa en una discoteca, un concierto, una estación llena de gente o una comida con varias conversaciones simultáneas. Cuando cuesta escuchar, acercarnos y mirar el rostro de nuestro interlocutor puede ayudarnos a completar aquello que el ruido no nos deja percibir bien. También explica por qué una conversación puede resultarnos más complicada cuando alguien habla mirando hacia otro lado o desde otra habitación.

El efecto McGurk demuestra así algo bastante curioso: escuchar no depende únicamente de nuestros oídos. El cerebro mezcla constantemente las pistas que recibe de diferentes sentidos para intentar comprender qué está ocurriendo. Así que la próxima vez que digas «mírame cuando me hables», quizá estés pidiendo algo bastante más útil de lo que pensabas.

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