Ruido molesto

¿Te pone de los nervios escuchar a alguien masticar? Podrías tener misofonía sin saberlo

Un trastorno que provoca una reacción intensa en quienes conviven con estos sonidos

Alba García-Fogeda

¿Alguna vez has sentido una irritación difícil de controlar al escuchar a alguien masticar chicle, sorber una sopa o hacer clic con un bolígrafo? Para muchas personas puede tratarse de una simple manía, pero en otros casos tiene un nombre: misofonía.

Aunque todavía no está reconocida como un trastorno en los principales manuales de diagnóstico, cada vez son más los especialistas que investigan esta alteración, que provoca respuestas emocionales muy intensas ante determinados sonidos. Lejos de ser un exageración, quienes la padecen pueden experimentar ansiedad, enfado o incluso la necesidad de abandonar el lugar para dejar de escuchar el ruido.

¿Qué es la misofonía y cuáles son sus síntomas?

Según la psicóloga Monica Margiotta, la palabra misofonía significa literalmente «odio al sonido». Sin embargo, no implica rechazar cualquier ruido, sino una reacción desproporcionada ante sonidos muy concretos, especialmente aquellos producidos por otras personas. Entre los desencadenantes más frecuentes se encuentran:

  • El sonido de alguien masticando
  • Respirar de forma ruidosa
  • Sorber una bebida
  • Chasquear los labios
  • Teclear en un ordenador
  • Hacer clic repetidamente con un bolígrafo

Cuando aparecen estos sonidos, la persona puede sentir un aumento repentino del estrés, irritación, ansiedad, enfado o incluso taquicardia. En algunos casos, la reacción es tan intensa que necesita ponerse auriculares, cambiar de habitación o evitar determinadas situaciones sociales.

Lo curioso es que el volumen del sonido no suele ser el problema. Lo que desencadena la respuesta es el tipo de ruido y la forma en que el cerebro lo interpreta.

¿Por qué aparece?

Los expertos todavía investigan cuál es el origen exacto de la misofonía. Una de las teorías más aceptadas apunta a que existe una conexión diferente entre las áreas del cerebro encargadas de procesar los sonidos y aquellas relacionadas con las emociones.

Por eso, un ruido que para la mayoría pasa desapercibido puede convertirse en una auténtica fuente de malestar para otra persona.

La misofonía suele comenzar durante la infancia o la adolescencia y, con frecuencia, se mantiene durante la vida adulta. Además, puede aparecer junto a otros trastornos como la ansiedad, el trastorno obsesivo-compulsivo o el tinnitus, aunque también puede darse de forma aislada.

¿Tiene tratamiento la misofonía?

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Psicólogo I getty

Actualmente no existe una cura específica para la misofonía, pero sí hay estrategias que ayudan a reducir su impacto en el día a día.

Los especialistas suelen recomendar acudir a un psicólogo o a un profesional de la audición para realizar una evaluación completa. Dependiendo de cada caso, la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a aprender técnicas para gestionar la reacción emocional ante los sonidos desencadenantes.

También pueden resultar útiles medidas sencillas, como utilizar ruido blanco, escuchar música con auriculares en determinados momentos o identificar las situaciones que provocan más malestar para afrontarlas de una forma más controlada.