Si preparas con frecuencia pasteles, tartas y bizcochos no puede faltarte en tu cocina cremor tártaro ya que se trata de un ingrediente con grandes propiedades anticristalizantes y estabilizantes, ideal para hacer glasas, merengue y fondant.
Se trata de un polvo blanco, sin sabor específico y cuyo nombre químico es bitartrato pótasico, una sal ácida que proviene del ácido tartárico al sustituir uno de sus hidrógenos por un potasio. Aunque es muy posible que su nombre no te suene de nada porque suele esconderse bajo el nombre de un aditivo, el E-336 concretamente.
Normalmente lo vas a encontrar en forma de polvo blanco, está presente en muchas plantas y además se suele obtener también del sedimento del vino en el fondo de los barriles dónde fermenta la uva, por eso ya era conocido por griegos y romanos, pues aparecía como un sedimento en los barriles de vino formando como una especie de costra.
Tiene muchas funciones pero la más conocida, combinado con el bicarbonato de sodio, es la de hacer que nuestras masas aumenten de tamaño, aunque no todos los polvos de hornear lo llevan.
El cremor tártaro es muy útil en cocina como estabilizante para las claras de huevo cuando preparamos merengues, soufflés e incluso para conseguir una nata montada más firme. Evita que el azúcar de nuestros dulces, mermeladas sobre todo, se cristalice y añade cremosidad a los bizcochos y demás postres, además hace que las verduras conserven su color cuando las hervimos.
Es habitual que forme parte de la composición de algunos vinos, para corregir su acidez, en conservas, sopas deshidratadas y confituras.
Lo puedes encontrar en tiendas especializadas en repostería en tarros de 70-90 gramos para uso doméstico. Se necesita usar muy poco en cada receta y a veces también puedes encontrarlo a granel. Su precio oscila entre los cinco y los ocho euros y en internet son varias las webs dónde puedes adquirirlo.
Además con el cremor tártaro puedes preparar tu propia levadura química en casa para bizcochos y galletas. Tan fácil cómo mezclar media cucharadita de cremor tártaro, un cuarto de cucharadita de bicarbonato sódico y un cuarto de cucharadita de almidón de maíz o Maicena.
Por regla general la dosis que debemos usar es aproximadamente la punta de una cucharita de café, pero si no tenéis en casa podéis sustituirlo por la misma cantidad de zumo de limón o vinagre.
Notarás una gran diferencia en la textura y el aspecto de pasteles y tartas.
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