Su nombre es Gemma Hortet es dietista y experta en nutrición y acaba de publicar su libro Alimenta tu vitalidad (Editorial Urano), dónde explica que para evitar el desgaste y el cansancio, nuestra alimentación debería basarse en cómo somos, en qué trabajamos, dónde vivimos y en qué momento vital nos encontramos.
En una conversación con la revista Telva, la experta explica la relación entre cerebro e intestino, de la que dice que es bidireccional, es decir, «lo que comemos genera un estado de ánimo y a la vez este nos predispone a comer una serie de alimentos».
Esto supone que podemos mejorar nuestro estado de ánimo poniendo atención plena en lo que comemos y en cómo lo cocinamos. «Si alimentamos a nuestra microbiota adecuadamente no solo generaremos serotonina o dopamina sino que también nos puede generar energía para sentirnos más vitales y enérgicos», explica.

Cuenta además que los alimentos procesados, como embutidos, galletas, los postres lácteos, las bebidas gaseosas azucaradas y los precocinados proporcionan placer inmediato gracias al azúcar y la sal que contienen pero a su vez provocan cansancio y pérdida de vitalidad.
También nos cansa comer alimentos crudos en exceso en invierno, cuando el cuerpo no necesita refrescarse sino todo lo contrario, «es ir en contra de la naturaleza ya que cuando hace frío hemos de calentar el cuerpo y no enfriarlo. Si comemos mucha cantidad de estos alimentos corremos el riesgo de debilitarnos mucho», explica. Insiste en la necesidad de comer caliente en esta época, «hemos de recuperar los pucheros de la abuela, los caldos y los guisos donde combinamos verduras, legumbres y tubérculos».
Para evitar el cansancio y tener energía, Hortet propone comer verduras verdes, hortalizas naranjas como la calabaza, el boniato o la zanahoria, además de «grasas de calidad que vienen de los frutos secos: almendras, avellanas, piñones, nueces y el aceite de oliva virgen extra, proteínas de buena calidad como las legumbres, el pescado azul, las carnes blancas y los huevos», además de frutas de temporada, que ahora son manzanas, uvas, peras y granadas.
La dietista habla además de la importancia de adaptar nuestra alimentación a nuestra profesión. Es decir, no tendrá que comer lo mismo una profesora de yoga que una persona que trabaje en una oficina todo el día sentado.
La primera, «tiene que tener una alimentación que favorezca la recarga de energía rápidamente en sus músculos y le evite tener contracturas… una alimentación más rica en carbohidratos procedentes de los cereales o verduras almidonadas que otra persona». Mientras que el oficinista debe tomar una alimentación «muy rica en proteínas ricas en omega 3 como el pescado para optimizar su cerebro y que los carbohidratos que consuma sean de las verduras muy ricos en fibra para que nutran mejor su estado de ánimo y menos a su cuerpo físico», ya que su trabajo es mucho más mental que físico.
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