El paso por un programa de televisión musical suele venderse como el billete dorado hacia el estrellato. Sin embargo, para muchos artistas, la realidad al apagar los focos es un «palo de la hostia». Así de tajante se ha mostrado Luis Cepeda en su reciente aparición en El Micro Show Podcast, donde ha desgranado sin filtros su experiencia en La Voz 3 antes de su posterior explosión mediática en Operación Triunfo.
Para el cantante, las expectativas del público y de los concursantes chocan de frente con la maquinaria de una industria que define como una fría «empresa».
Uno de los puntos más críticos de la entrevista llegó cuando Cepeda desmontó las ilusiones que rodean al formato de La Voz. Según el artista, la idea de salir del programa con quince ofertas de contratos discográficos bajo el brazo es una utopía.
»La gente sueña con eso y cuando llegas a ese sueño quieres salir. No quieres tener nada que ver con contratos discográficos (…). Te pegas el palo de la hostia porque de ahí no sale nadie excepto Antonio José y alguien más», sentenció.
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Para él, el verdadero objetivo del programa está lejos de impulsar la carrera de los concursantes: «Es un programa que está hecho para promoción de los coaches». Aunque reconoce que es un formato «bonito» que él mismo consume en YouTube para descubrir voces impactantes, critica que a los concursantes se les dé «la patada» en cuanto termina su participación.
Al ser preguntado por las entrañas del programa, Cepeda no dudó en confirmar algunos de los rumores más oscuros sobre la producción tras las cámaras, calificando ciertos aspectos de «lamentables«.
«A mí lo que me impactó fue el hecho de que en los vídeos editados parecía que mi coach era mi amigo del alma (…) y yo realmente a esa persona la vi cinco minutos».
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También habló sobre los ensayos en condiciones precarias. El entrevistador sacó a colación que los concursantes ensayaban en «contenedores de obra con un piano eléctrico», algo que Cepeda corroboró de inmediato. Explicó que ensayaban allí con el vocal coach (Sepúlveda) y que solo los subían a una sala con un piano mejor en el momento de encender las cámaras para grabar los vídeos promocionales.
A pesar de todo, el gallego matiza que no lo ve como una «injusticia» personal, sino como las reglas de un formato televisivo: «Si tienes dos dedos de frente sabes a dónde vas. Yo en ese momento no los tenía, pero me lo pasé bien».
El momento más amargo para el cantante llegó al salir del concurso. Cepeda relató la «desilusión» de verse completamente solo, con la ilusión rota al ver que «nadie daba un duro» por él.
Como anécdota de esa desesperación, confesó que llegó a escribir por privado a un trabajador de Universal en Andalucía (Fran, con quien años más tarde trabajaría tras su paso por OT) buscando una oportunidad. El mensaje ni siquiera fue leído. «El nivel de no saber qué hacer… Me han visto cantar y nadie quiere trabajar conmigo», recordó sobre su visión de entonces.
El artista también arrojó luz sobre el funcionamiento contractual de este tipo de programas, aplicable tanto a La Voz como a Operación Triunfo. Reveló así que todos los concursantes firman un contrato blindado antes de entrar en el programa «por si acaso».Definió estos acuerdos como «el contrato más irrisorio de la industria, el que está al límite de lo legal».
El bloqueo: El mayor problema surge al salir del programa; aunque la industria no muestre interés en ti, ese contrato sigue vigente, lo que impide al artista emprender proyectos de manera independiente.
Con la perspectiva que da el tiempo, Cepeda concluye que a las grandes firmas no les interesa «una voz y una cara sola», sino una persona con historias que contar. Una lección de realidad que el cantante tuvo que aprender de la forma más cruda antes de encontrar su propio hueco en la música.
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