Cuando llega el verano y los termómetros empiezan a subir, el cuerpo busca nuevas formas de adaptarse. El cansancio aumenta, la energía baja durante las horas centrales del día y aparece una sensación muy conocida: las ganas de dormir después de comer. La siesta en verano se convierte así en un pequeño refugio frente a las altas temperaturas, aunque los expertos recuerdan que no siempre cualquier descanso es beneficioso.
Dormir unos minutos durante el día puede ayudar a recuperar fuerzas, mejorar la concentración y reducir la sensación de agotamiento provocada por el calor. Durante una ola de altas temperaturas, el organismo trabaja más para mantener una temperatura adecuada, lo que puede generar mayor fatiga y somnolencia.
Según los especialistas en trastornos del sueño, como Cristina Muñoz, consultada en RTVE, una siesta corta puede ser una buena estrategia para afrontar mejor los días más calurosos. El momento ideal suele estar entre los 10 y los 30 minutos, ya que permite descansar sin entrar en fases profundas del sueño que pueden provocar sensación de cansancio al despertar.

Las altas temperaturas afectan directamente a nuestro descanso. Cuando hace mucho calor, el cuerpo tiene más dificultades para relajarse y conseguir un sueño reparador. Por eso, muchas personas sienten más sueño durante el día, especialmente después de comer, cuando se produce de manera natural una bajada de energía.
Sin embargo, dormir una siesta demasiado larga puede tener el efecto contrario al esperado. Si el descanso supera los 60 minutos, aumenta la posibilidad de entrar en fases profundas del sueño y despertarse con más sensación de cansancio. Además, puede dificultar conciliar el sueño por la noche, algo especialmente importante durante el verano, cuando las noches suelen ser más calurosas.
La clave está en encontrar el equilibrio. Una siesta bien planificada puede convertirse en una aliada para recuperar energía, mientras que un descanso excesivo puede alterar los horarios habituales de sueño.

Para que la siesta en verano sea realmente beneficiosa, los expertos aconsejan cuidar el entorno. Buscar una habitación fresca, evitar la exposición directa al sol y elegir las horas de mayor calor puede marcar la diferencia.
El mejor momento suele situarse después de comer y antes de que avance demasiado la tarde. Dormir demasiado tarde puede retrasar el sueño nocturno y hacer que el descanso de la noche sea menos efectivo.
Además, durante los episodios de calor extremo, la hidratación también juega un papel importante. Beber suficiente agua y evitar comidas demasiado pesadas puede ayudar a reducir esa sensación de agotamiento que aparece con las temperaturas elevadas.
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